Las manzanas azules de Arlet. Rojas por fuera....

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por icaro69
Barcelona

Hotel
Duración60 minutos
Precio150
PechoNo lo sé
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin
GriegoNo lo sé

Sabrosas, jugosas, lustrales, melosas y zarzamoras. Rufas, encrespadas, ensortijadas, garzas.... implacablemente danzarinas, perennes, sin pepitas, ni rabetes... ni siquiera cáscaras, sin cruces ni migajas. Sin cuchillos, ni enjuagues... dádivas que confieren y otorgan al privilegio el descubrimiento de la sensatez más dicharachera y alocada. El rubor, la caída del pestañeo, el rasgo acaramelado, el fular donde los cojines son nenúfares y las aguas se estancan. Nada nada, sólo se vuela, se deja el traer.... llevar. Y los arañazos son los acuiferos de donde se relamen las intenciones.... una pasión no se compra. La pasión se esculpe.

La pasión no se espera, te encela... te muerde, musita y llora. Te atrapa y te desgaja... aquella manzana no está en el cofre de las vitrinas donde se presume, está guardada en una cajita de madera carnal, en un pequeño rincón del alma donde la profundidad está a flor de piel.

De la Fontaine no erraba: "A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.....".

Grandeur. La grandeza de las manzanas azules, la sutileza, el enigma y embrujo de su textura... lo sofisticado, lo retorcido, lo inquieto pierde sentido. Nace un riachuelo de aguas virginales mientras el pubis, la vulva, los labiox de su madre piedra nos rompe la estabilidad y Arlet te dibuja mapas indivisibles: la realidad no escapa a las fantasías.

Se desencadena.

A pelo.

YouTube - The Cure - Friday Im In Love

Monday sunshine. Last moment y el cuento de los tres cerditos: paja, barro y piedras entre círculos astrales y miguitas de acaramelada realidad.

Lágrimas de cera, Arlet, de cera.

Al diente. Mientras la espuma de unas cervezas caía ante la sonrisa y el brillo de un cruce.... esos cruces de callejuelas miradas por encima de las narizotas y con las gafas tumbadas en el reflejo... las cejas juegan a que el brillo no se disipe. A que la madurez no nos pudra. A que la inocencia no se convierta en una amazona cruel y altiva.

Arlet y su cesto de mimbre. De mimbres y poros, de dermis e inimaginables sombras chinescas, horas extendidas en el pincel de la noche más vieja.... donde los aullidos y los grillos seducen a los búhos y encolan los zapatitos descalzos donde las princesas se transforman en alma bella y perra. En bruja y ninfa, en mirra y néctar. Los búhos abren sus alas, los grillos sus ojox, los aullidos aletean, aletean, aletean.... y la pecera de los sueños derrama toda esa vóragine que nadie entiende... que nadie atrapa....

Arlet, es bellísima por dentro. Demasiado y eso... aterra.

Es dulce como una nube de garrapiñadas y agreste como una ascensión hacia la sensualidad del deliquio.

Es prudentemente natural y sencillamente carnal.

La conjunción perfecta de inframundo y párnaso. Pocas mujeres pueden presumir de su lado bueno... de su lado... ciego.

De su lado oscuro.... de su cara amable.

Y enroscar, follar, amar, copular, regar, llover, adormilar, serenar.... y de nuevo echar a volar.

Poquísmas manzanas en el cesto se dejan relamer para que la confitura no empalague sino sosiegue, para que barnizar no se quede afuera.... que dentro, que muy dentro también tiene hambre.

Arlet, me dejó en esa alféizar donde la luz verde.... ocupa el espacio entre el aire y la convulsión, en el umbral donde los cuentos se transforman en leyendas y las turquesas negras de las canallas noches.... rehabilitan donde parece que ya no existe nada.

Uno más uno, cuatro.

Arlet, no es una princesa, camina descalza, firme y en círculos ovaladamente hermosos... te quita la quietud sin el morro de la textura y el asalto.... escoge las semillas para que las flores se abran al paso de una estela donde follar se convierte en el arte del compartir. Donde darse y tomarse en la recíproca fuente de vida.... e inevitablemente, pronto lloverá donde la rutina de ellas reta a los instintos de ellos.

Donde el apetito de ellas se come el deseo de los otros.

Donde la noche confunde los zapatox con la huella.

Arlet, no te da sólo sexo, lujuria y un abanico para que el fresquito regenere lo que carece de mortalidad. Ella no se pone babero, ni usa barómetro, ni come piedras con los ojos.... sólo estira al tiempo el tiempo.

Y nace, renace y nazco, renazco.

Quisiera creer que las soñadas manzanas azules también tienen forma de mujer y alma de buena gente.

Durante este último lustro no encontré por el camino un deseo más severamente pausado. Y eso que el amor cuando no se compra se apolilla....

....Arlet como el rincón te entregará lo insospechado.

Y ello no es un cuento.

No es más que un trozo de cada una de nuestras vidas.