Lorena - Azúcar moreno

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Andros
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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort8
Duración138 minutos
Precio200
PechoNatural
FumadoraNo
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
Griego

Andaba yo de regreso a la civilización con ganas de pasármelo bien y no se me ocurrió nada mejor que llamar a la simpática Lorena, con quien había compartido hasta entonces un morreo, un despelote y muuuuuchas risas.

 

Y, ¿qué queréis que os diga? Nos lo pasamos de vicio. ¡Cagondene, qué forma de darle durante todo el tiempo que estuvimos juntitos! De verdad de la güena, que estuvo muy bien, muy bien. 

 

Los dos a media luz

 

…y un gato de porcelana

pa' que no maulle al amor.

 

Y todo a media luz,

que es un brujo el amor,

a media luz los besos,

a media luz los dos.

Y todo a media luz

crepúsculo interior.

¡Qué suave terciopelo

la media luz de amor!

 

 

Llamo para confirmar tres horas antes y me dice Lorena que se les ha ido la luz. Llamo un rato antes de llegar y me dice que siguen a oscuras.

 

¡Waaaaaa, cómo me gusta. Lo vamos a hacer todo a la luz de las velas! Me siento como el noviete que va a ver a su chica a hurtadillas.

 

Cuando llego delante del portal, baja la dama del candil para abrirme y, tras la puerta, la descubro vestida de guerrera del amor: lencería blanca contrastando con su piel oscura. Nos devoramos como auténticos cafres del amor y me pone como las cabras (copyright pirata). Se lo digo y hago beeeeeeee, ella se ríe y me agarra por donde puede para subir la escalera.

 

Como yo soy torpe me agarro a la barandilla, a su culo, tanteo la pared, hacemos el trenecito y subimos echando vapor.

 

Con su candil me ilumina el acceso y saludo a Anna, que acaba de tomar una duchita (muak, muak) y a Natalia (muak, requetemuak). Pero el deber me llama y yo soy cumplidor, así que me despido rapidito y sigo a mi nena deliciosa.

 

El número del pinguino

 

Nada más entrar en la habitaçao nos lanzamos al ataque. Lorena, muy cumplidita, me propone una bebida, pero yo no tengo sed de eso.

 

Me quito la chaqueta y la camisa y me baja el pantalón, pero, antes de que pueda reaccionar, Lorena se encuentra desnudita del todo y yo la estoy devorando con alegría.

 

Me dice que se está poniendo muuuuuy loba y yo me lo creo. ¡Para no creérselo! Es que sus piernas me aprisionan, sus manos guían mi cabeza, su cuerpo se tensa, se arquea y tiembla, me pide máaaaaaaas, hasta que se queda totalmente relajada y recupera un poco el aliento, sorprendida de la intensidad del ataque frontal.

 

Entonces me incorporo y le digo. “Ahora cuando me quite los zapatos y me saque los pantalones de los tobillos, va a ser la bomba!!!!”  

Y con esta tontería de la pose ridícula nos reímos con ganas, se me abraza y tengo que luchar de nuevo con los zapatos para conseguir dejar de parecer un pingüino paticorto.

 

Hala, ahora sí que voy a la ducha, guiado por la dama del candil que ilumina mis pasos.

 

Tras el interludio “singing in the rain”, vuelvo a la habitación de las velas, con mi Lorena que quiere guerra.

 

A jugaaaar

 

 

Vale que no hay luz, pero no nos hace falta para nada. Esta chiquita está ya encendida del todo, porque la he pillado desprevenida y he metido un gol, pero ella quiere empatar el partido y asegurar el resultado.

 

Así que se lanza de pleno a por mí. Yo intento decir eso de “Respetadme que soy doncello”, pero nada sale de mi boca que está ocupada en devorar a mi Lorena gustosa, que me acaricia, besa, lame, devora… Me excita con una mirada asesina mientras veo cómo mi pene aparece y desaparece entre sus labios.

 

Hasta que Aaaaaaaarrggghhhh y un delicado beso blanco se posa en mis labios. ¡Endeluego, qué mujer!

 

 

 

Y, tras dos coma cinco segundos en los que ella me deja descansar, me abalanzo de nuevo sobre ella y continúa la fiesta.

 

Y no, no está sorprendida, porque reacciona con presteza a mi nuevo ataque. Entiendo entonces que ella se excita dándome placer de la misma forma que yo lo hago con ella.

 

Me quiere vestir de caballero blanco y al final decide que me va mejor el color rojo. Así que me veo plastificado de Papá Noel y con ganas de ver la cabalgata real (no la de los Reyes Magos, sino una con premio al final, que es más gustoso).

 

Y aquí tengo que decir que es para quitarse el sombrero. ¡Qué forma de cabalgar! Uno se puede reír de Melchor, Gaspar, Baltasar y el reno ese de nombre Rudolf que tiene nombre de icono gay y la nariz colorada. Y es que Lorena cabalga con sentimiento; es el placer el que guía sus movimientos que uno siente profundos y ondulantes.

 

Lucho, me debato y exploto en su interior, pero sigo excitadísimo y su cuerpo se mueve con la presteza de una anguila sinuosa. Aferro sus nalgas y la vuelvo a apretar contra mí.

 

Rodamos, giramos, cambiamos de posición hasta que el tiempo se detiene de nuevo.

 

“¿Gozaste, amor?”- me pregunta. “Pueeees, creo que un par de veces en esta estocada”- respondo casi con vergüenza.

 

Entonces me mira, me abraza y me acaricia con pasión, contenta de haberme proporcionado tanto placer.

 

 

No entiendo cómo pero me encuentro, sin solución de continuidad, en un número capicúa de alto voltaje. No sé si empezó ella o empecé yo (o quizás los dos a un tiempo). De eso puedo tener alguna duda, pero lo que me queda clarito, clarito es que lo estamos pasando de miedo y que Lorena sabe dar placer, pero también sabe recibirlo, porque cesa en su actividad libadora y se entrega al goce pasajero.

 

Casi, casi me ahogo allí, pero como buceador en apnea intento sacar lo máximo hasta que noto su cuerpo tenso, que acaba sacudido por espasmos liberadores.

 

Bueeeeno, pues ya he contado un poquito de lo que hice. No voy a seguir mucho, que luego me dicen que esto parece la Disneylandia del morbo y que si tal y que si cual.

 

 

 

Hombre, puestos a contar, podría contar que hicimos la del Audi (o la del folio de papel A4), la misionerita, o bien que no apunté del todo y que mis hijos regaron las montañas, que volvimos al sexo oral, nasal, auditivo o manual, que brindamos y que bebimos en lo suyo y en lo mío…

 

Podría decir que solo me faltaba por comerle la espalda y la tumbé con cuidado, rozando solo su dorso, el pliegue de sus rodillas o su nuca tibia, mientras ella temblaba y nos jurábamos amor eterno.

 

Podría contar que ella también sabe ser dulce, delicada y sacar ese temblor de la hipersensibilidad en la caricia.

 

Pero ustedes me excusarán. Es que yo no soy de contar lo que pasa en la intimidad de una alcoba. Eso debe quedar entre una dama y un caballero.

 

 

Con la tontería de que no había luz, no había mirado el reloj. ¡Ahivá, pero si son las cuantas!

 

Lorena sale a ver si la ducha está libre y ¡qué mala suerte! toca esperar.

 

Y esperando, esperando, el besito se hace caricia, la caricia se hace sensual, la sensualidad se hace excitación, la excitación se hace fuego, el fuego se hace carne….

 

Así que de nuevo disfruto de sus labios que me devoran y que me hacen explotar en sus labios en un orgasmo trrrrreeeemmeeeeeendooooo. “¡Cómo me gustan las natillas!”, le digo. Y nos volvemos a reír, pensando que la ducha puede estar ocupada durante horas y que algo habrá que hacer para no aburrirse. Vamos, digo yo ¿no?

 

 

Vaaaaaale, lo admito, también hablamos un poquito y nos contamos nuestras cositas, con toda naturalidad, como si nos conociéramos de siempre. Es que es un sol esta niña.

 

 

“Bueno, va, me voy y dejo de dar la paliza”, le digo con sorna.

 

¿Para qué quieres más? Se me lanza al cuello y no me deja marchar. Que sí que me voy, que no, que sí, que no… y al final cuesta, pero marcho a la ducha. Lo que pasa es que luego, cuando vuelvo, allí está ella y me dice que no, que no me voy.

 

Así que me visto un poco, la beso, me visto otro poco, la beso, me pongo un zapato, me besa ella…

 

Y, ya vestidito, saludo a Bianka (muak, muak) y a Anna (que debe medir casi dos metros con esos tacones que me lleva).

 

 

 

Salgo a la calle y pienso eso de “barselona es bona” o bien que me quiten lo gozao.

 

La llamo un día más tarde y me dice que fue una lástima que me tuviera que ir tan prontito. Es que es un solete.

 

 

O sea. que ya lo sabéis. ¡Lorena y yo somos novios!

Me gustó, me hizo sentir que estaba encantada de estar conmigo, disfrutamos como animales en celo, conectamos desde el primer minuto, nos reímos con alegría y sinceridad, tuvimos una confianza tremenda, no paramos de buscarnos y excitarnos… 

 

Diría incluso que lo mejor es todo lo que no he contado, porque soy un caballero.

 

No sé. Yo diría que no se puede pedir nada más ¿no?