Alicia Bandera, camino de convertirse en leyenda

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Barcelona

Apartamento de la escort9
Duración120 minutos
Precio300
PechoTuneado
FumadoraNo
BesosBesa
FrancésSin hasta el final
GriegoNo lo sé

Inicio mi cuarto relato de experiencias con quizá una de las escorts más míticas que tenemos por Barcelona: Alicia Bandera. Me sorprende ver que hace tiempo no leo por este foro ninguna experiencia con ella, cuando antes era una habitual. Y para ser sinceros, no tenía pensado quedar con Alicia, pues quería mantener en mi memoria mi último encuentro con ella hará poco más de un año, que fue memorable. Pero ante la imposibilidad de contactar con las dos primeras escorts que tenía en la agenda, y otras dos que tenía en la recámara estaban de vacaciones, la siguiente en mi lista era Alicia, que me respondió cuando ya iba a colgar. Con su voz dulce de niña buena, me comentó que el viernes estaba ocupada, pero no había problemas en quedar el sábado (ayer) a las 21:00h, así que lo confirmamos de inmediato.

Como le había pedido quedar dos horas, la tarde del sábado me vino la idea de avanzar la hora para no salir tan entrada la noche, peró pensé que ya le sería imposible. Como si me hubiera leido el pensamiento, recibo un mensaje suyo en mi móvil diciéndome si puedo quedar a las 20:00h: Perfecto, Alicia ya se ha ganado un punto más a su favor. Me pongo de camino enseguida, no vaya a ser que encima ahora me retrase.

Después de mucho tiempo en el mismo piso, Alicia se ha mudado y ahora está en Consell de Cent, por suerte no mucho más lejos de dónde estaba. Logro llegar cinco minutos antes y la llamo para que me confirme el piso. Allí me presentó, pico el timbre y la puerta se abre ante mi pero no veo a "mi" Alicia. Sólo tras cruzarla me encuentro con ella: larga melena rubia, ojos castaños, labios rojos bien sugerentes, un bonito vestido negro y unos tacones bien altos, pues le hacen igualar mi altura. En resumen, sigue igual de hermosa (o más) que desde la primera vez que la vi, y me arrepiento en ese momento de no quedar con ella más a menudo. De ahora en adelante, según ella, pasaré a ser su "niño malo".

De seguida me lleva a la sala de estar, del que me llama la atención una pequeña mesa que recuerda a la de los bares modernos, y dos sillas también típicas de los bares de diseño, así como un espejo grande apoyado en la pared. Alicia me lleva al sofá, y tras una breve charla del tiempo transcurrido desde la última vez y ofrecerme un poco de agua, enseguida nos ponemos a dar pequeños picos y caricias, yo con mis manos buscando sus pechos y ella con las suyas palpando mi entrepierna. Antes de ir a más, me ofrece una ducha que acepto. Una vez duchado y con sólo una toalla que me cubre, vuelvo ante ella y siento que estoy desprotegido. Alicia lo resuelve quitándose el vestido, quedándose sólo con la lencería, y andamos hacia el dormitorio.

Una vez allí y antes de ir a la cama, continuamos con las caricias: ella me ofrece una bonita vista de su espalda, aunque me centro más en besarla en el cuello y seguir acariciando sus pechos. Ella se contonea y con su trasero me roza el miembro, que me lo deja más erecto de lo que ya estaba. Alicia se me vuelve para ahora sí, poder quitarle el sujetador mientras ella me quita la toalla. Me hace sentar en la cama y comienza a hacerme un buen francés, con mucha saliva y notando como se la traga entera. La dejo hacer sin oponer la más mínima resistencia.

Tras un rato y para que ambos estemos más cómodos, nos tumbamos en la cama y ella continua con su francés, que sólo interrumpe brevemente para hacerme también una cubana. Menuda visión me ofrece, estoy en una nube. Quiero cambiar para darle yo placer pero Alicia insiste en seguir. Me está llevando al límite y noto que pronto me correré y le aviso de ello, aunque para mi sorpresa continua a su ritmo ayudándose de las manos. De seguida noto que me voy y descargo, pero Alicia aguanta bien con mi miembro metido en su boca, y no para hasta notar que ya he acabado, para retirarse al baño mientras me deja tumbado en la cama exhausto, y eso que por mi parte poco me he movido. Ha sido un ko en toda regla.

Cuando vuelve al dormitorio se tumba de nuevo a mi lado, de tal manera que puedo apoyar mi cabeza en sus senos, y también recrearme con la vista fijada en su cuerpo. En la breve charla, ella me va repitiendo lo de niño malo mientras yo le digo que es una "diablilla" camuflada en el cuerpo de un ángel. Pero hoy Alicia se ha propuesto a acabar conmigo, y retoma el mando, acariciándome de nuevo mi miembro hasta dejarlo de nuevo erguido. Tras un breve francés, me pone el preservativo ayudándose de su boca y comenzamos una sesión de unas cuantas posturas: ella encima de mi, contemplando el bamboleo de sus pechos; de lado, observando bien como mi miembro entra y sale de su sexo; y en la postura de cuatro patas, cuya visión de su trasero con la marca del tanguita me pone realmente malo.

De repente, Alicia me lleva de nuevo al sofá y ahora, tonto de mi, comprendo la posición estratégica del espejo: me sienta en la cama y ella se sienta sobre mi de espaldas, de tal manera que yo contemplo otra vez como mi miembro entra y sale de su sexo con sus movimientos, mientras ella ve reflejada en el espejo como la penetro. En un nuevo cambio de postura, Alicia se coloca en el respaldo del sofá y, manteniendo la penetración desde atrás, llevo yo la iniciativa. Ha pasado un buen rato y aunque valga decir que lo estoy pasando bien, no me acabo de ir. Le pido un descanso que ella me concede, para tomar el agua que hay en la mesa e incluso algo de comer (saca de la nevera unos minihelados) con tal que reponga las fuerzas que ella ya me ha quitado.

Lo que viene a continuación será un recuerdo que dudo que olvide nunca: notando que vuelvo a la carga, Alicia me lleva a una de las sillas de bar de diseño que comenté al inicio, me siento y ella se agacha para hacerme de nuevo otro francés, este a un ritmo más fuerte que el primero, y con una intensidad con su boca y manos que nunca había visto. Como esta silla está al lado del espejo, me devuelve reflejada la imagen, idéntica a la de cualquier escena de una película porno, pero siendo yo el protagonista. Esta doble visión me eleva la líbido, y aguanto de nuevo lo más que puedo para recrearme. Aviso de nuevo a Alicia que voy a correrme, agarrándome bien fuerte el miembro para que mi eyaculación quede entera en su boca, devolviéndome una mirada picarona que no olvidaré jamás. De nuevo se retira y me quedo sentado en la silla, ahora sí que reconozco que sin fuerzas, pues si se me ocurre levantarme, seguro que caigo, con el riesgo de lesionarme.

Sólo cuando ella regresa y con su ayuda, me pongo de pie y la obsequio con un par de buenos besos. Para terminar esta experiencia que de nuevo he alargado demasiado, sólo deciros que hubo un intento de tercer polvo, pero ya estaba mi miembro muy sensible y fue mejor dejarlo aunque aún había tiempo para ello. Menos mal que Alicia me obsequió con un masaje en la espalda que me ayudó a relajarme y reponer energía, que de no ser por eso no sé ni como vuelvo a casa. Acabé con una nueva ducha y me despedí de Alicia, a la que prometí verla de nuevo, no vaya a ser que me reprenda y me vuelva a decir lo de "niño malo".

Resumen: Alicia se ha ganado una buena fama y no es para menos, pues su implicación es total. En eso, no aporto nada nuevo. Por ponerle un pero, me hubiera gustado llevar yo un poco más la iniciativa y darle sexo oral, pero en el sexo no hay nada planificado y ahí está la bueno; de lo contrario, sería algo mecánico. Terminando ya, Alicia sigue a buen nivel tras el mucho tiempo que lleva entre nosotros, y el día que se marche tendremos una enorme pérdida, no irreparable pero si importante. Será entonces cuando se convierta en leyenda, como indicaba en el título.

Saludos y hasta otra.