Cinthia Ariadna - Una bomba de terciopelo

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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort10
Duración60 minutos
Precio150
PechoTuneado
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
GriegoNo lo sé

Van a tener razón algunos que me critican, porque releo mis anteriores relatos de encuentros con Cinthia y, tras leerlos, con tanta poesía y tanta tontería, uno no termina de saber si fui a buscar setas con ella o si hicimos alguna otra cosa.

 

Hoy, dado que la temporada de setas aún no ha empezado, hubo que dedicarse a “alguna otra cosa”. De esta forma, he podido volver a constatar que, tras una apariencia de terciopelo se esconde una tremenda mujer, que puede ser una absoluta bomba.

 

Y de nada me ha servido ejercer de artificiero, porque la bomba me ha explotado en las manos y yo estaba allí para disfrutarlo.

 

Cinthia es para mí uno de esos puertos en los que siempre quiero buscar refugio. Había intentado quedar un par de veces en los días previos y no había sido posible.

 

La verdad es que entiendo que esté muy solicitada, a pesar de que no hace casi publicidad de sí misma. Es que, claro, uno prueba con ella y… ¿qué queréis que os diga? se acostumbra a lo bueno rápidamente.

 

Esta vez la llamé con poquito tiempo, casi pensando que no, que esta vez tampoco, pero ella me dijo que le dejara hacer un par de llamadas. Y ¡bingo! pudimos quedar al fin.

 

Me presento a la hora convenida, subo y… ¿Qué os pensáis que voy a decir? ¿Que nos devoramos como salvajes nada más entrar? Pues no. No, señor. Yo ya conozco las reglas y me parecen lógicas y razonables. Y la primera regla con ella es que hay que ir bien limpito… y luego limpiarse más todavía, que tiempo habrá para todo lo demás después.

 

Primero hablamos tranquilamente, como dos amigos (y lo digo de verdad, nada de meterse mano en plan cafre), luego paso a la ducha y me lavo cuidadosamente con un jabón para “cositas”.

 

Me pregunta si puede confiar en mí para limpiarme a fondo y le digo que no. La verdad es que venía limpito, pero eso de que te lave, te diga cosas y hasta se enfade contigo (de buen rollo) tiene su punto agradable.

 

Finalmente salgo de la ducha, unos buches de menta y… al lío, que cogemos frío.

 

 Al lío

 

Cinthia se empieza a desvestir sola y yo la ayudo, deseoso de ver ese precioso cuerpo que tiene. Es que es una muñequita preciosa con una piel que apetece acariciar hasta perder la razón…

 

De rodillas, frente a frente, nos damos delicados besos, que dan paso rápidamente a besos salvajes, con encendida pasión.

 

Me busca, quiere devorar mi cuerpo entero empezando por el pene (que es una buena forma de empezar) y me gusta, me gusta, pero me da miedo que me devore del todo y, aprovechando un momento de distracción le hago una llave de yudo y la dejo tendida en la cama. ¿No te lo esperabas, eh, Cinthia?

 

Su cuerpo me encanta, le besaría el vientre, le mordería las nalgas y le haría un monumento a su sexo, que es bonito para enmarcar (de lo más bonito que he conocido en mi vida, porque igual que hay ojos bonitos, bocas seductoras, hay sexos bellos y su sexo merecería servir de modelo a escultores deseosos de belleza atemporal).

 

Venga, me dejo de vuelos poéticos y allá voy. Un beso a un lado, una caricia al otro, un roce ligero de su clítoris… haciéndole desear mi boca, que se encuentre con el sabor de la excitación.

 

Soy malo, malo, porque no la dejo escapar, porque quiero que disfrute y me aplico lentamente a buscar su placer, que siento llegar poco a poco, hasta que su pasión me pide más y noto como se estremece y disfruta.

 

No tengo ninguna prisa. El tiempo se suspende mientras ella toma aliento. Pero el descanso es corto y el contraataque, implacable.

 

Me besa, me acaricia, me engulle. No sé dónde estoy. Casi pierdo el sentido y ni recuerdo que pasa entonces. Tengo un recuerdo de haber luchado en un 69 de fuego y sentir que paseo por el borde del placer durante instantes eternos.

 

Protegido frente a la batalla con una armadura roja (¡vaya, mi pene voy de Caperucito!), ella juega conmigo y mi pene es instrumento de su deseo. Se frota con él antes de dejarme que penetre solo levemente, luego, con un beso apasionado, la cabalgata sensual se inicia.

 

Noto su ebriedad contagiosa, percibo claramente su excitación que llama a la mía hasta que ella explota de forma incontenida. No puedo aguantar más y reviento de forma gozosa, dejándome ir y abrazándola con fuerza tras el placer.

 

Y luego, siguiendo abrazados ¿estoy soñando? No, no, es de verdad. Pensaba que no era posible, pero es cierto. No para quieta sobre mí, se excita de nuevo, me aprieta con fuerza. Yo la acompaño en su excitación que crece y me quema. Volvemos al fuego, al ardor de la batalla, a la pasión de la cabalgata de las valquirias. Y de nuevo llegamos a un orgasmo brutal.

 

Hacía muchos años que no experimentaba algo así, que no tenía y provocaba dos orgasmos en un ataque, y se lo digo. Entonces se ríe y me dice que “no le cuente historias ni le explique cómo se sujetan las arañas en los muros”.

 

No, si cuando digo que es una bomba me quedo corto,corto.

 

Ahora ella manda y me dice que me quede tranquilito que me nota nervioso y que me va a dar un masaje.

 

A ver-pienso. Yo no estoy nervioso, estoy verraco, verraco, pero nervioso, no. Así que se lo digo y me manda callar con energía.

 

¡Jooooodé, tiene carácter la niña! Así que me dejo hacer, me tumbo de espaldas, relajado completamente y noto sus manos en mi espalda. Es muuuuy agradable y me hago a la idea de un masajito relajante… hasta que noto algo duro y blando a la vez que desliza sobre mi espalda.

 

Pero ¿qué es esto? Entonces me doy cuenta. ¡Es la booooomba! Son sus pechos, con los pezones enhiestos que se frotan contra mí y pronto, pronto, es todo su cuerpo en un body-body de alto voltaje.

 

Luego, cuando ya no aguanto la tensión sexual, me da la vuelta y me atrae hacia ella de nuevo. No puedo evitar detenerme un poco con mi lengua en su sexo, pero antes de que Cinthia se me escape, penetro en su interior y fornicamos de forma salvaje. Eso ya no es un misionero; aquello es de colonizador de las Indias Occidentales.

 

Ella disfruta, yo disfruto, peleamos, luchamos como animales hasta no poder más, explotar de gozo y caer felices y exhaustos.

 

¿No dije que era una bomba?

 

Vaaale, ya estamos más tranquilito-pienso yo, inocentemente.

 

Cinthia se marcha y regresa al cabo de un momentito con un frasquito de aceite especial “Shunga” y me dice “Ahora verás lo que es bueno”.

 

El aceitito me cubre todo el pene y noto un pequeño calor agradable que va creciendo. Cuando ella sopla levemente, siento una oleada de calor brutal y recupero una erección agradecida. Cuando mi pene entra en su boca, ya no es calor, es un fuego salvaje que casi me hace temer por mi extremidad que imagino chamuscado. Pero no, por suerte, el calor no solo es soportable sino muuuy agradable.

 

Me voy excitando y quiero abrazar y acariciar a Cinthia. Entonces ella, imponiendo su ley, me sujeta las manos con las suyas y me cabalga suavemente,haciéndome sentir un calor aún más agradable.

 

Me vuelve loco, loco y el ritmo se transforma en frenesí de la pasión, hasta que reviento gozoso sin pensar en nada, absolutamente en nada.

 

Entonces, en el colmo del morbo, noto que Cinthia sigue moviéndose para buscar su placer, mientras que su mano busca su clítoris para aumentar su gozo, que llega en oleadas, hasta reventar de nuevo, temblando de placer una vez más.

 

Está transfigurada. Me golpea el pecho y me besa con absoluta pasión diciendo en voz baja :”Eres muy malo, nene, muy malo”.

 

Game over

 

El tiempo marca finalmente su ley y me invita a una ducha en solitario para liberarme de los aceites de masaje.

 

Me visto, la beso, me despido, se aprieta contra mí. Ufffff.

 

-Mira que no me voy-le digo. Es que me gustas hasta en la cama, niña.

-¡Qué malo eres, nene!- me responde con picardía.

 

Y ya está, me alejo mientras ella me mira y me encuentro el más guapo de todos los hombres, flotando sobre algodones y sonriendo a las farolas.

 

¿No os dije que esta niña es una bomba?