Eva Sky, en tiempos de milagros

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por Oliba
Barcelona

Apartamento por horas9
Duración180 minutos
Precio600
PechoTuneado
FumadoraNo lo sé
BesosBesa
FrancésSin hasta el final
Griego

 

Desde Infinity

En Tiempos de milagros, no debía haber mayor dicha que la del ciego que ve la luz. Y ya sé que no abundan hoy en derredor ni santurrones ni beatos dados a proezas, más bien mucho diablo, puro azufre alguno, aún vestido de perfume falso, o de forzado, obligado disfraz otro. I

Incluso hay pobres diablos, o santos impostores, o sus mismos clones, que serán pobres luciferes o… quien sabe que nombre usará el bribón del ángel caido. Son los tiempos que corren. Crisis de todo

En tiempos de milagros, decía, me veo cómo aquel que, un día ve por sus ojos… y se deslumbra. Y esa luz, que ciega al que ya no es ciego, abrasa y permanece. 

Y así me dejaste, rubita, deslumbrado… y abrasado 

¿Debería utilizar plantilla?. Mejor no. Llenaría hojas de papel sólo hablando de tu rostro, de la armonía de trazos que dejaron todos los pueblos que cabalgaron en torno un tren mítico… La sorpresa de la primera de nuestras citas, la de cuando todavía era ciego: Bella eslava, bella gata. 

Realmente bella. Bella armonía. En todo. Armonía de guapa, que lo es y mucho, armonía de ideas, que las tiene y buenas, armonía de todo y en todo, que es mucho a descubrir. Es un don. Muy pocos lo disfrutan. Muy pocos tienen el privilegio de encontrarlo en una escort. Algún día deberé buscar a quien dar las gracias por tanto premio recibido sin saber siquiera si lo buscaba.

Tu presentación no esconde nada de tu cuerpo. Pocas veces, muy pocas, la directa exhibición de un desnudo me había seducido tanto. Adoro los cuerpos desnudos y, tantas veces, exijo, o suplico, que mis acompañantes demuestren cuanto, cómo yo, detestan el mundo textil. Pero, ese, es un desnudo cercano, vivo, que alienta todos los sentidos. Es un desnudo cómplice. Lo ves, lo tocas, lo hueles, lo sientes. Las fotografías es distinto. No acostumbran a seducirme. Mis mejores citas nacieron prácticamente sin referencias a la piel que después devoraría. Ya sé que soy raro y, la mayoría necesitan el estímulo de un trasero en exposición. 

Pero en tu caso, Infinity fue distinto. Ya en tus primeras fotos, con tu peluca de marquesita, parecías sacada de la obra maestra de Sofía Coppola. Un cuerpo que se veía inquietantemente perfecto, sin trazas de retoque ni sfumatos. Rebosando sensualidad. Te miraba en las fotografías y creía tocarte, sentía notar la piel que se adivinaba tan suave tan… perfecta. Me veía el camarero que depositaba la copa de Martini en tu espalda (experimento que después realicé en vivo con una flauta de cava). 

Ni idea de lo que me esperaba. 

Ni imaginar quedarme boquiabierto admirando formas que eran… pura armonía. Un cuerpo cuidadísimo por el deporte y el ejercicio pero, al mismo tiempo, deliciosa y radicalmente femenino. Y explosivo, muy y múltiplemente explosivo cuando se tercia y, cómo decía quien yo me sé, cuantas más veces se tercie, mejor.

Y…. la piel, en suma…Pocas pieles recuerdo cómo la tuya. Pocas veces me he visto embriagado, tan embriagado, por esa sensación de dulce y fresca, cómo la menta y el rocío de las madrugadas de Mayo.

Bendito Mayo éste, por cierto. El ciego al que volviste la luz ayer fue testigo de lo bien que vestía tu cuerpo desnudo el reflejo de la luna. Poco a poco agudizo la vista. 

Increíble, os lo juro. 
Infinity