Mamma Mia!

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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort9
Duración69 minutos
Precio150
PechoNatural
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
GriegoNo lo sé

Mamma mia, here I go again
My My. How can I resist you?
 
Vuelta previa
 
Isabella nos viene de Italia full equiped con una carrocería digna de Bertone. Con un cuerpo así y siendo rubia quizás alguno pudiera pensar que solo es eso. Pues resulta que no, que es despierta, lista y absolutamente sencilla y accesible. Lo noto tras los primeros correos, al hablar con ella y al presentarme allí pegando un salto.
 
¡Preparados, listos, ya! 
 
Me atuso el pelo del bisoñé, me cambio el palillo de lado (girándolo para morder por lo blanco, carraspeo, me ajusto el cinturón, contengo la respiración y se abre el toril.
 
 
Ding, dong, waka, besarraco, manos al pan, amasamiento, turgencia peneal y me sobra la ropa. ¡Caramba con Isabella, tiene un poder calorífico brutal! Juro que venía de la calle, que hacía frío y que no estaba empalmado, pero Isabelle hace que uno se atragante y que acelere como un pura sangre.
 
Haciendo el trenecito llegamos a la habitación, donde me besa vertical antes de que le haga un Yuki-oshi que la deja sobre la cama, donde la inmovilizo con un Morre-Isho-Gatame.
 
En un descuido, rompe la inmovilización y me pregunta si quiero beber algo. Me miro los pies y veo que ando todavía vestido y con zapatos. Venga, va por un cava y me ducho para ponerme bonito y quitarme el hollín de la mina.
 
Ella está a mi lado, acompañando cada momento, de tal forma que esa ducha prolonga el encuentro, evitando esos momentos de paréntesis en los que uno se siente solito en un cuarto de baño desconocido. Son detalles como ese, entre otros, los que denotan una verdadera “dama de compañía”.
 
Primer acto
 
Se levanta el telón con una escena bucólica en la que los pastorcillos Isabella y Sinforoso se declaran su amor eterno, a pesar de que el malvado Cronos les quiera tender una trampa. Sinforoso parte feliz a conocer los valles y montañas del reino, cuando siente sed y detiene su andar en una rumorosa fuente…
 
 
Ejem, ejem. Quiero decir que me puse como loco y que, al abrir aquel corpiño y ver lo que en vano refrenaba, solo podía mirar a izquierda (mamma mia!) y derecha (O, God!). Beso, rebeso, acaricio y nos damos un beso perpendicular con el que Isabella se estremece. O sea, para que nos entendamos, yo con mis labios de arriba sobre sus labios de abajo (todo esto tras haberme despojado del palillo, claro está).
 
Acaricio, recorro y tiembla. Lamo, beso y gime. Pronto dirige ella mis avances y me bloquea entre sus piernas que tiemblan mientras sus labios (de arriba) exhalan un “uyuyuyuyuyu.. aaaaaaaahh”. Beso su vientre, vuelvo de nuevo, se enciende otra vez y acaba poniéndose malita entre gemidos y temblores incontrolados.
 
O sea, que el cuento bucólico acaba aquí con ovaciones del público, vuelta al ruedo, brindis de cava y alegría desbordada.
 
 
Secondo atto: Nella grotta delle amazone 
 
“Vendetta, vendetta!”, reclama la prima donna frente al atribulado Sinforoso (que puede que esté algo atribulado, en efecto, pero que mantiene a raya a la bella con su perpendicular estoque.
 
 
Ufff, que me ataca por los sentimientos y yo, ante eso, no puedo sino librar arma y vida ante son sourire horizontal (o sea, su sonrisa horizontal, pero dicho en françois, que es lengua que ella domina perfectamente).
 
Es lento, suave, aspirado, acariciador, hipnótico, con una mano en los dos y la otra acariciando mi vientre. En una palabra ¡Su-bli-me!
 
Acelera Isabella la cadencia y me dejo querer con muuucho amolll, antes de besarla con ansia, mientras sus pechos siguen acariciando mis queridas pertenencias. Monta sobre mí y se busca, regodeándose en el placer del contacto.
 
Me viste de otoño lluvioso con técnica depuradísima (pocas lo hacen tan suave y gozoso) e iniciamos la persecución ecuestre, con ondulación, sentimiento y, finalmente, explosión final en traca multicolor.
 
Terzo atto: Il gato converso
 
“Libiamo nei lieti calici che la bellezza infiora!”, cantamos, entre espumosos brindis de amor, porque ahora dejamos de ser desconocidos. Y del etílico momento pasamos al ansia de la conversión de los infieles y a los cánticos de aleluya.
 
Brindamos por nosotros, por la alegría de conocernos y tanto gozo hace que partes de mí levanten el ánimo altivo.
 
Isabella me clava los ojos y se abalanza sobre mí de nuevo. Vuelve la lucha de los sexos y la caricia de sus turgentes montañas sobre mi estoque ardiente, al que ella sigue hablando en un francés sublime.
 
Un cambio de decorado y me encuentro entre sus piernas, donde ella me pide extremar el cuidado en su ánimo sensibilizado tras “n” explosiones de gozo ( no digo cuántas para que no digan que exagero). Encuentro el ritmo “leggiero, ma con anima” hasta  la rigidez y el temblor.
 
Después del interludio musical, propongo una misión evangelizadora entre sus piernas, donde hace calor aunque nunca dé el sol. Tras un acelerando, siento que llegamos a la cadencia final.
 
Le pido entonces que acabe conmigo y en sus labios de derrama mi amor, mientras grito desaforadamente “¡Hosanna in excelsis Deo! ¡Evohé! ¡Gloria massima!”.
 
Palpitando aún, Isabella apura mi gozo como no pensaba que fuera posible. Aquello ya es minuto de oro y polvo de estrellas. ¡Excepcional!
 
Paralipómenos
 
Prende la conversación, brindamos de nuevo, estamos contentos de habernos conocido. Tras mucho tiempo miro el reloj y constato con incredulidad que no he visto pasar el tiempo.
 
De nuevo me besa sin prisa, bromeamos sobre un pequeño reto que nos hemos lanzado y salgo al aire de la noche que es especialmente fría.
 
 
¿En conclusión?
Pues, por si no ha quedado claro, diré que Isabella es absolutamente recomendable para todo aquel que busque una bellísima mujer de verdad, que sabe de sexo y que sabe tratar estupendamente a quien se lo merece. Evidentemente sabe hacerse respetar. Salvo que uno busque una tierna muchachita o una princesa etérea, diría que cualquiera saldría satisfecho de un encuentro con Isabella, que es una excepcional “dama de compañía” en el mejor sentido del término.
 
Está estupenda, tiene las ideas claras y sabe muchísimo de sexo. Es de las mejores profesionales que he conocido. Sabe disfrutar y hacer disfrutar, estando siempre atenta y haciéndote sentir ese amante deseado y único que ella estaba esperando. Sabe generar una empatía inmediata y mantenerla durante el todo tiempo a su lado.
 
Isabella destaca por su exquisita profesionalidad. Es totalmente fiable: uno puede quedar con ella varios días antes y ella gestionará su agenda para que tu encuentro sea único. Antes, durante y después de una cita, sabe ser cercana y, al mismo tiempo, ser absolutamente discreta.
 
Para degustar sin moderación.