Mística, ahora ni los monjes del Tibet están a mi altura

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Barcelona

Apartamento por horas10
Duración240 minutos
Precio450
PechoNatural
FumadoraNo
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
GriegoNo lo sé

Soy un individuo bastante tímido así que cuando contacté con ella le propuse quedar para comer antes y así romper un poquito el hielo. Llegué primero al punto de encuentro y pensé “te echas un pitillo por ahí y luego masticas un chiclé de esos que te hacen llorar” (es muy desagradable para un no fumador soportar el olor y el sabor del tabaco). Me integré en el paisaje de viajeros pero sin maletas, como un lobo solitario esperando su presa, pero el gentío comenzó a mirarme mal y, agarrando sus equipajes, se dispersó en segundos, y entonces de lobo pasé a buitre carroñero vulgar. Un pedigüeño me pidió “pa comé”, como me recordó a mi padre le dí un lero: “No te lo gastes en vino”, vamos que estuve entretenido 10 minutillos.

Ella llegó puntual a la cita, me gusta la puntualidad, y nada más verla ya supe que mi intuición no me había fallado, había elegido bien, no me tragé el chicle que te hace llorar de milagro; la primera impresión fue tener ante mis ojos a una mujer preciosa, agradable, simpática… y luego descubrí que era buena conversadora, risueña y con un sexappeal que tiraba de espaldas. Nos dimos dos besos en las mejillas y entablamos una conversación fluida. Allí no hubo hielo que romper, fue tan natural que en ningún momento me sentí extraño, al contrario, de entrada tuve la sensación de que había quedado con una amiga, ella lo hizo así de fácil. 

Os informo que prefiere la carne al pescado, así que, como yo también soy de costumbres carnívoras, nos fuimos a comer a un restaurante vasco. Durante la comida, que duró prácticamente 2 horas, hablamos de todo un poco, pero sobretodo de nosotros, de los que fuimos y ahora somos, de lo que hicimos y ahora hacemos, etc. Bebimos un poco de vino, discutimos sobre quién se iba a comer los pintxos que contenían pimientos entre sus ingredientes (perdí yo pero a cambio le cedí el de cangrejo real). No le quitaba ojo, me encantaba su manera de hablar, su voz, su sonrisa… vamos que me estaba poniendo a 100 y ella seguro que era consciente de ello. Bueno, total, que el reloj nos avisó de que había llegado el momento de irse al apartamento.

Yo ya había reservado con antelación, una suite full equip, así que fue llegar y rápido para la habitación; nos desnudamos, no del todo y me comentó que sería bueno ir llenando el jacuzzi, pues manos a la obra. Ella se fue a la ducha, que era muy pequeña, allí sólo podía ducharse uno… “bueno, me espero”. Al cabo de unos minutos salió con la toalla rodeando su cuerpo y me inivitó a ducharme. Me dispuse presto a ello y … “ espera, melón”… “tienes a una chica explosiva ante ti ¿y vas a irte a la ducha si ni tan siquiera besarla?. Puedes resbalar con el jabón, romperte la cabeza y morir sin besarla!!!”. Y ahí llegó el primer beso, directo, apasionado, húmedo, muy húmedo… fantástico, una delicia, un vicio de boca, ni con palanca me hubieran separado de ella en aquellos segundos, pero la obligación era la obligación y necesitaba ducharme, no sólo por aseo si no porque un poco de agua fresca impediría que mi cabeza explotara.

Una vez estuve bien aseado y seco, me dirigí raudo a encontrarme con ella; días atrás había tenido el placer de contemplar todas las fotografías de Marta que había podido encontrar por la red y siempre me detenía en una en la que lucía un modelito de lencería que a mi me encantaba. Casualidad o no, por fortuna para mi, eligió esa indumentaria para la ocasión. Allí estaba en pie tremendamente atractiva y sensual, esperándome, con aquella sonrisa picarona que tiene. Y me salió del alma, grosero sí, pero es que mi cerebro se colpasó y el chuletón de buey semicrudo que me zampé para comer acabó hecho carbonilla en mi estómago, y sólo pude exclamar un “JODER!!!” como nunca lo había pronunciado; ella rió, yo dejé de pensar y me rendí a sus encantos.

Todo se había hecho esperar pero no había prisas, los besos y las caricias fueron apasionados en algunos momentos y, en otros tiernos y suaves. Nos susurramos, nos tocamos, recorrimos nuestros cuerpos con boca, lengua y manos. Me preguntó si era de un tiro, de dos, de tres o de más, yo le dije que dependía del día pero que normalmente de uno y duro de pelar. Su piel era tan suave y fina que no podía dejar de saborearla, me deleité en ella y con premeditación fui bajando por su cuerpo hasta sumergirme en su entrepierna. Aquello era un manjar para los dioses y se lo estaba comiendo un simple mortal; allí hubiera estado la eternidad jugando con su garbancito, succionándolo como un caramelo, metiendo mi lengua en aquella entrada que se prestaba a ello; buscaba plata y encontré oro, aquel néctar estaba saciando mi sed y su fuente era inagotable. Después de un rato recreándome en su irresistible clítoris, ella comenzó a temblar, me pidió que parase y yo obedecí automáticamente.

Marta pidió turno, era imposible negarle nada a semejante bombonazo. Me sometí a ella, a sus besos, a sus caricias, me estaba derritiendo de placer en sus manos. Su boca es una sala de tortura de la que no quieres escapar, porque no hay dolor si no sensaciones, las mismas que me estremecían cuando mi compañero entraba en ella o su lengua recorría mi escroto, una lengua como una serpiente que se enrosca y sería capaz de reventarte pero no llega a ello porque quiere mantenerte vivo. Yo, puro heavy, convertido en mantequilla dentro de un horno a 220ºC; si me hubiera untado en una rebanada y comido, hubiera sido un digno final. A continuación seguimos con un 69 portentoso, volvió a dejarme beber su dulce elixir y eso me repuso; el problema era aguantar sintiéndola gemir sobre mi y su aliento sobre mi miembro, la excitación era tal que casi no podía respirar. “Esta fiera me borra hasta los tatuajes”, pensé en el momento que estuve a punto de alcanzar la gloria, e hice como los samurais, control, vamos a ponerle el chandal a Manolo que queda mucha batalla por delante.

De mutuo acuerdo decidimos pasar a la acción. Lo dicho, ese día tocaba chandal de color rojo y llegado este momento vino la, para mi, traumatizante prueba de la gomita. Ni que decir tiene que es de uso obligatorio y necesaria, pero a mi me corta cosa mala y, bueno, hice lo que pude durante unos minutos con ella debajo, pero después de probar dos posturas más y de cambiar la equipación, aquello pidió tiempo muerto. No sé como se lo hizo Marta pero con dos palabras fue capaz de calmar mi frustración.

Así que era la oportunidad para probar aquel jacuzzi y refrigerar un poco, sobretodo yo que estaba sudando cosa mala. El día que el profesor explicaba el principio de Arquímedes yo debía estar tirando bolitas de papel y arroz con el boli a los compañer@s, calculé mal pesos y capacidades, olvidé que llevaba 500gr. de carne de más y hubo un pequeño percance que se agravó cuando Marta entró también porque tampoco calculé sus senos… el tsunami fue la hostia. En el agua siguieron las caricias y los besos, aquello era un no parar. Sí, ya me la estaba poniendo gorda otra vez, no era difícil, con sólo sentirla cerca, Marta me ponía en estado de emergencia. Me sugirió que me sentase en el borde de aquella bañera gigante y allí me practicó la mejor felación que me han hecho en mucho tiempo. Manos, boca, lengua, pechos, era la guerra, todo vale, y su objetivo era que yo me corriera de una vez. A fé mía que lo consiguió y tuve un orgasmo tremendo, he de remontarme eones atrás para recordar uno como aquel y ni eso. Luego sobrevino la calma total y se acercaba el final; parece mentira que la dulzura que desprende se pueda convertir en un torbellino de pasión en segundos. Marta es una chica tremenda, os despistará con su dulzura, ternura y cariño, mientras va tejiendo una tela de araña de pasión ardiente.

Miré el reloj, entramos en la habitación a las 15:00 y eran las 16:45, el tiempo se acababa. Nos vestimos y la acompañé hasta la estación, nos dimos un beso en cada mejilla y tras despedimos cordialmente regresé a la cruda y triste realidad.

Como los rockeros vamos al infierno quise probar un trocito del cielo y lo conseguí, te queda un sabor amargo cuando vuelves a tus brasas, pero no dudo que volveré a repetir, si no lo hago es que no soy humano.

Gracias Marta, he dejado de ser un walking dead.