Sara Rous - ¿Qué me hiciste, abusadora?

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1 01/2014
Andros
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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort8
Duración69 minutos
Precio110
PechoNo lo sé
FumadoraNo
BesosNo lo sé
FrancésSin hasta el final
Griego

-Tengo las manos frías – me lanza, con picardía.
-Caliéntate con mi fuego, tesoro mío.
Y Sara, ni corta ni perezosa, me agarra el pene con una mano y mis “belongings” con la otra, antes de mirarme con ganas y decirme:
-Ahora te tengo en mis manos y no te soltaré. Ahora abusaré de ti.
Pabernos matao! Pero es que así es ella. Tiene un cuerpo de escándalo, con un culo que sobrepasa cualquier descripción y un pecho tuneado potente. La suavidad de su piel la recuerdan mis dedos y su mirada me enciende.
Pero además es guapa, picarona y cariñosa. Sabe volver loco a un hombre con su carácter, su fuego y su buen humor. Mueve el culito delante de ti y sabe provocar como pocas.

Llevábamos días con muchas ganas de vernos y contentos de poder hacerlo. Cuando la llamo, me dice que acaba de llegar y que necesita unos minutos para maquillarse, vestirse de guerra… pero yo la quiero tal cual, sin artificios. Así me la encuentro, vestida de calle y sin maquillar, estupenda y natural.
Nos desvestimos el uno al otro y su cuerpo me excita y me llama, con Sara entregada a mis manos y mis labios. Busco su sexo y se enciende, hasta apretarme con fuerza con sus piernas y decirme que no la toque más, porque ya ha visto el sol, la luna y las estrellas.
Nos duchamos y se acerca a mí como una gata, pidiéndome que me deje hacer porque quiere disfrutar de mí. Sus labios me recorren y se detienen con deleite en mi músculo perpendicular. Sara lame, besa, engulle, acaricia en una felación arrebatada.
En un momento, sin soltar su presa, se coloca sobre mí para ofrecerme la visión de su sexo en un 69 en el que no puedo estar del todo concentrado, porque Sara quiere más y más de mí. Continúa hasta que llega mi placer brutal y me siento explotar de gozo en una felación de fuego.
A un lado de la cama ha quedado su caja de herramientas, en la que guarda sus útiles de amor (lubricante, colutorio, docenas de preservas…). De allí saca un aceite de masaje, tras ordenarme que me deje hacer y que me tumbe boca abajo.
Sus manos me acarician con pericia, soltando cada músculo y deshaciendo cada nudo. Luego, siento su cuerpo deslizarse sobre el mío, con su aliento cálido en mi cuello y sus pechos que hacen arabescos en mi espalda. Su sexo se frota contra mi piel, buscando su propia excitación.
Al darme la vuelta, continúa la fiesta y me dice que quiere seguir divirtiéndose conmigo, que soy un juguete en sus manos.
Totalmente excitada, comienza la monta por una cabalgata en reverso, dejándome una perspectiva salvaje, con mi pene entrando y saliendo en su sexo licuado. Gira entonces y se coloca perpendicular a mí sin dejar de abrazar mi pene con su sexo. Al fin, completa el giro del helicóptero y se coloca frente a mí para besarme con pasión. Mis manos aprietan el hueco de su espalda y Sara acaba tensando todos los músculos de su cuerpo, antes de quedarse rígida y clavarme las uñas en mi pecho.
Nos quedamos quietos y abrazados en silencio durante un instante. Tras separarnos Sara comprueba que sus flujos me inundan y que mi pene sigue erecto tras una excelente corrida. Ella me excita de tal modo que podría seguir haciendo más cositas y echarle siete sin sacarla (bueno, va, esto sí que puede que sea un poco de exageración).
Seguimos abrazados, la excito de nuevo, volvemos a desearnos…
Y no cuento más, porque, si a estas alturas no ha quedado claro que hay “feeling”, yo ya no sé cómo explicarlo.
 
 
Nota aclaratoria:
A Sara la conocí porque se anunció en una web de sexo de pago, o sea que pacté pagar por sus servicios sexuales y consideré que valía muchísimo la pena. Alguna vez he escrito sobre ella, pero siempre he actuado con ella como con todas mis compañías de este mundillo. Esto es, he pagado por adelantado y no creo haber recibido ningún trato especial de su parte. Siempre he opinado con total libertad, contando lo bueno, cuando lo hay y lo malo, cuando me toca vivirlo. Ni con ella ni con ninguna chica tengo interés especial alguno, más allá de disfrutar el momento y pasarlo lo mejor posible, respetando sus condiciones y sabiendo dónde estamos ambos (yo, como cliente y ella, como escort).