Ana -Diana - El aire de la noche

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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort7
Duración60 minutos
Precio150
PechoTuneado
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
Griego

En varias ocasiones intenté localizarla sin éxito a Ana (o Diana, como se hacía llamar hace un tiempo), hasta que un día vi que acababa de escribir que disponía de un nuevo piso, donde podía recibir con toda comodidad.

 

Fue muy extraño porque aquella primera conversación, en la que únicamente quería establecer un primer contacto, derivó, derivó y nos encontramos hablando con una empatía total como viejos amigos que ya se conocieran desde hacía mucho tiempo.

 

Me fue difícil encontrar un momento, entre viajes y compromisos diversos. Hubo además algún encuentro que se debió anular y que nos dio ocasión de hablar más y más, lo que hizo que finalmente teníamos un gran deseo de conocernos, mezclado con la incertidumbre del incógnito.

 

Es muy curioso este mundo asimétrico en el que ellas se muestran a la luz del día y reciben llamadas de perfectos desconocidos. Debo agradecer a Ana que supo establecer una calidez bienvenida desde el primer momento.

 

Le confirmé el encuentro una y mil veces, hasta que unos minutos antes de la hora prevista, vi que la reunión que debía acabar antes se prolongaba hasta la agonía. Finalmente tuve que anunciar que marchaba y corrí a sus brazos.

 No, no tuve que buscar aparcamiento. Tuve la inmensa suerte de encontrar un sitio perfecto en plena ronda Mitre, uno de los lugares más difíciles de Barcelona, pero hay días en los que la suerte está de cara y hoy era uno de ellos.

Respondió a mi llamada y me hizo subir a la hora exacta.

Al llegar, la puerta se  abrió con misterio y, tras ella, descubrí una mujer impresionante. Casi me caigo de espaldas, porque Ana es realmente una mujer de bandera, muy alta y con unas curvas de absoluta locura.

 

Nos  besamos, nos desvestimos y nos devoramos con una pasión desmedida, como si no hubiera mañana.

 

Los besos encendieron el deseo y quise comer todo su cuerpo, al tiempo que le decía todo lo que iba sintiendo y deseando. Ella, con buen humor, se reía comparándome con un escritor de relatos eróticos, un actor de vodevil o un operador de sexo telefónico. Me dio varias ideas para reconvertirme en un futuro próximo.

No me acuerdo de la secuencia de todo lo que hicimos. Creo que nos dejamos ir bastante.

Sentí varias veces que temblaba y que se dejaba ir a un placer sin medidas.  Quizás me equivocara porque yo estaba realmente entregado a mi propio deseo y el placer es egoísta. Con ella, no obstante, llegué a notar que, en ciertos momentos, no se hacía necesario buscar el placer del otro renunciando al placer propio.

 

Recuerdo algunas imágenes de sexo total y entregado. Un sesenta y nueve sin límites nos encendió absolutamente y percibí que Ana no buscaba mi placer como algo en sí, sino que gozaba con su propia excitación que alimentaba a la mía.

 

Mi pene buscó su boca y se encendió con una pasión que no conocía. Su cabeza, que caía en el borde de la cama, recibía los embates de mi pelvis, de empujaba mi pene, al que veía perderse en el fondo de su boca. Reventé de forma absolutamente salvaje dejándome ir a un fuego que ni siquiera imaginaba.

 

Exploté también en su interior  haciéndola cabalgar sobre mi cuerpo. Descubrí la curva de sus caderas que aferré con fuerza antes de derramarme en su interior. Gocé y vi las estrellas abrazándola frente a frente como misionero liberador.

 

Disfruté también… ¿Qué sé yo? Ana me supo encender y conocer miles de formas de gozar en una tempestad de sexo como no disfrutaba hacía tiempo.  Y lo mejor de todo es que ella no buscaba nada, sino que simplemente se dejaba ir a su deseo y me arrastraba en él.

Incluso reservó para un próximo encuentro otras mil formas de gozar.

Y, después de conocer lo mejor del sexo, pudimos hablar, conocernos mejor, disfrutar del placer de la compañía.

Ella se vistió, yo me vestí,  nos abrazamos y sentimos la felicidad de habernos conocido.

Cuando salí a la calle sentí el aire de la noche y la presencia de Ana que me acompañaba.

Ana me supo envolver con su pasión y compartimos instantes únicos. Su deseo llamaba al mío, que volvía a alimentar al suyo. Fue una locura absoluta, con pasión desatada. Todo, absolutamente todo, fue de verdad