Iris - Living la vida loca

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Andros
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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort9
Duración62 minutos
Precio120
PechoNatural
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin
GriegoNo lo sé

 

Voy a dejarme de tonterías. Siempre lo pienso y pocas veces lo hago. Pienso eso de “voy a conocer una mujer interesante o una niña deliciosa” y luego me enredo.

 

Pero con Iris  no fue así, fui a buscar sexo y me encontré con una mujer de bandera con morbo, risas y juego. Nada más.

Se lo pasó bien, yo me lo pasé en grande, estuve cómodo. O sea que ¡a jugaaaaar! y que me quiten lo bailao. 

El cuerpo es de impresión,  con  culito firme y gozoso de mirar (y de tocar).  Tiene bonitos pechos naturales y curvas, curvas para perderse. No es una sílfide anoréxica sino una mujer de bandera, muy alta (diría sobre 1,70 más tacones estratosféricos) y que llamaría la atención en cualquier lugar. Es de esas mujeres que uno ve en un congreso o un salón del automóvil y dice “joooooodé,¡quién pudiera!”. 

Pallá que me voy

Vi unos anuncios de Iris a finales de septiembre, tonteé un poquito con ella, vi que tenía un cuerpo de escándalo y que era graciosa y desenvuelta. La llamé, fue muy simpática y, a pesar de que no tenía ninguna experiencia previa, pallá que me fui.

Cuando llamo a la puerta, miro aquel “troç  de dona”  que me sonríe y me enseña el culito. Joooodé ¿para qué quieres más?  Fue decirme “ponte cómodo” y me lancé a la yugular.

 ¡Chachi, no me he equivocado!

Ella iba vestida para matar con un camisón que le llegaba a la parte alta del culete y yo, vestido de playa. Aquello lo solucioné en un momento, pegándome una ducha y apareciendo en pelotas en el salón de un salto.

Al lío que me quedo frío

-Mira mi amor, que soy un niño tímido-le digo mientras mi pene le hacía reverencias (saltando arriba y abajo).

-Vente conmigo, ladronnnng, que no te creo que seas taaaan tímido.

Yo no sé si le quité yo con los dientes el camisón, el sujetador y las braguitas o si fue ella. El caso es que fue un visto y no visto.

Antes de que pudiera reaccionar, le dije:

-Ven que te vea bien y te coma entera. ¿Qué te gusta que te hagan?

- Que me coman el chichi- me dice con un guiño.

-Pues a mí no- le digo, medio serio.

-¿No te gusta?-responde cortada.

-Noooooo,  a mí no me gusta que me coman el chichi, me gusta comerlo yoooooo.

Y zás, entre risas compartidas, me lanzo al  ataque en una  inmersión sin escafandra. Doy besos por todo  el cuerpo, le como las ingles, los muslos, doy vueltas alrededor sin entrar a matar. Y, cuando realmente veo que ella busca mi boca,  ataco sus labios verticales y su botón dorado.

Se mueve, se cimbrea bajo mi boca, busca el contacto con mi lengua, palpita, gime, se retuerce hasta que explota y  pide pausa.

Y como soy un golfo no le doy ni media hora de pausa (ni medio minuto).   La abrazo y noto como su mano me busca, como empieza a acariciarme todo,  muslos, nalgas, vientre, pene…

 

Me pongo cómodo, tumbado como un pachá, y me mira a los ojos, con un gesto desafiante. Parece querer decir “te vas a enterar”. Pero no dice nada, porque su boca está ocupada engullendo mi pene hasta la empuñadura, jugando con el glande,   mordisqueando por los lados, devorando con ansia.

 

No puedo más, le aviso y no me oye. Quiere darme placer, hacerme perder el Norte.  No quiero ni puedo aguantar y siento mi cuerpo rígido,  sacudido por espasmos y  fundiéndome en esa boca que es el centro del universo.

-¡Vaaaaya corridón, campeón!

- Mujer, puestos a correrse, mejor hacerlo a lo grande ¿no?

Volvemos a reír, con buen humor.

 

Vuelta al lío

 Esta chica es un tesoro, sí. Podríamos hablar, reír,  pero está como un tren y yo, apenas me ha limpiado, vuelvo a tumbarla de espaldas y me lanzo al ataque, mientras que, medio en broma, medio en serio, le digo que le voy a comer todo.

-Eres un tío gracioso-me dice con un guiño.

 -Buaaaa. Si follara bien, ya sería la hostia.

-Jodéee, pues me gusta, me gusta. Es que soy yo muy “puta”-responde con buen humor.

-Y yo muy “puto“, porque también me gusta.

Ahí me veo liado con un 69 tremendo, en el que nos recreamos. De repente, Iris se detiene y noto cómo sus piernas se tensan y cómo empieza a pedirme más hasta reventar de nuevo en un orgasmo tras el que vuelve a pedir pausa.

 

Bueno, ahora no soy tan malo. Así que nos damos un poco de tregua pasajera y simplemente nos abrazamos en la postura del loto, frente a frente con las piernas entrelazadas y el sexo en contacto.

Pero, claro, sexo en contacto, una niña así en los brazos y ¿qué quieren? no puedo evitar encenderme otra vez.

 

-Sube, sube al caballito, mi niña.

 

Y, despacito, despacito,  nos vamos acompasando, mientras sentimos cada movimiento de nuestros cuerpos y mi pubis se aplica contra su monte de Venus.

 

Cada vez los movimientos son más acelerados, aprieto con fuerza sus nalgas y ella se frota contra mí. Y ¿qué quieren? allí ni puedo ni me quiero retener, porque ella lo nota y acelera, acelera hasta hacerme explotar de placer.

 

-Mi niña, eres tremenda. Buuuuuuffffff.

 

Esta niña casi, casi consigue callarme, mientras me limpia con cuidado.

 

Al lío revuelto

 

Pero no, no nos callamos. Ella me explica no sé qué de que le gusta hacerlo a veinte uñas y, como la carne es débil, pues se me pone dura de nuevo.

 

Y para allá que me voy, con una visión de su grupa que tiembla de placer mientras voy entrando y saliendo, entrando y saliendo en su interior, al mismo tiempo que  mi dedo acaricia la zona cero.

 

Y ¿para qué quiero más? De nuevo vuelvo a ver el techo blanco y mis ojos que se ponen en azul (¿o era al revés?).

 

Me vuelve a cuidar de nuevo y siento que nos lo hemos pasado bien, que no nos hemos complicado la vida, que es una persona muy despierta, con las ideas claras y con un buen humor de todo momento.

 

Vale, al final me tomo la Coca-Cola y ella me echa la bronca, entre risas, por los bombones. “Es que –me dice – me los voy a acabar comiendo a tu salud.”

 

Risas, conversación  agradable y distendida, una duchita, algo más de conversación...

 

-Cuando quieras me llamas. Me lo he pasado muy bien-me dice, guardando mi teléfono en memoria.

 

-Pues anda que yo-le respondo.

 

Salgo fuera y cada uno vive su vida. Dos extraños se han cruzado y han vivido un momento intenso, con sexo, risas y complicidad, sin ninguna complicación innecesaria. ¿De verdad que debemos buscar algo más?

 

¡Ay de mí, este gatito que va soltando pelo por las alcobas, está  hecho un bandarra!