Roberta, elegante torbellino transalpino

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por mackie
Barcelona

Apartamento de la escort10
Duración70 minutos
Precio120
PechoNatural
FumadoraNo
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
GriegoNo lo sé

 

Todas las civilizaciones y culturas, en todas las épocas, han tenido sus cortesanas. Reyes y nobleza tuvieron sus favoritas, famosas no solo por sus cualidades amatorias sino por su capacidad de influencia, que llegó a alcanzar la esfera de los asuntos de estado. Bajo sus faldas y en sus alcobas, se gestaban algo más que bajas pasiones. Los numerosos amantes que las frecuentaron facilitaron su íntimo conocimiento de los hombres, sus preferencias y debilidades y en el desarrollo de su actividad alcanzaron algunas la maestría del artista y fama que aún perdura. 

Nosotros, humildes plebeyos pero hijos de la democracia, gozamos a estas alturas, en parte gracias a este y otros foros, de una capacidad de elección contrastada y bien  fundamentada que puede satisfacer el espíritu más exigente y el gusto más dispar, si no perverso, además de poner al alcance de casi cualquier bolsillo las herederas de aquellas damas. No hay excusa posible que impida iniciar una aventura por las rutas que los placeres del sexo y el amor pueden deparar.

Queriendo emular a uno de aquellos patricios en sus bacanales, o a un casanova en su delirio necesitaba una prima donna y poner a prueba su arte; quien mejor que Roberta, italiana, generosa, deliciosa y vibrante, una rotunda hermosura de mujer en boca de todos los que me han precedido en su tálamo.

 

[b][color="DarkRed"]AMBIENTE MUSICAL[/color][/b]

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[url="http://www.youtube.com/watch?v=B1pdvdlKa1c&feature=related"]YouTube        - Per te - Pino Daniele[/url][/spoiler]

 

El primer contacto telefónico con Roberta lo tuve el mismo día que conocí a Verónica. Al llegar a casa, todavía bajo el influjo de su hechizo, pensé en el exorcismo (¿erotismo?) que me espera el ya famoso Día Santo con ambas y decidí evitarme la sorpresa de conocer a Roberta en tal fecha adelantando acontecimientos. Ni corto ni perezoso la llamé conectando con ella a la primera en todos los sentidos. Cuando supo quien era se hechó a reir "Te tengo controladito ¿eh? ya me ha dicho mi amiga que eres un encanto". Es cierto, procuro ser encantador de modo que o bien nos lo dicen a todos o bien estoy consiguiendo ser particularmente encantador porque últimamente me piropean siempre así.

Suelen ser importantes los preliminares para mi: el cortejo inicial, la primera llamada que proporciona esa vital primera impresión acerca de la simpatía y el tono de voz que presagia si el encuentro será feliz o vale más prescindir de él. En esta ocasión todo iba a pedir de boca: lento, magníficamente lento pero seguro, suave, deliciosamente suave y en profundidad. 

Un viaje suyo en las vacaciones de Semana Santa impuso la correspondiente tregua. Durante ese tiempo la lectura de sus expes, en particular aquellas compartidas con Verónica, turbaron mi imaginación sumiéndome en un estado febril, obligándome a renovados esfuerzos para no caer en el alivio solitario de mis deseos. Faltaban cinco días para su vuelta pero había decidido reservarme para ella. Debo reconocer que finalmente le fui infiel antes de conocerla en persona pero la experiencia, aunque positiva, me dejó un sabor de vacío que me obliga a reflexionar sobre lo que busco en este mundo fugaz y engañoso.  Intenté aplacar mi líbido con largas caminatas apartándola de mi imaginación. La espera se hizo muy larga pues no acostumbro a planificar mis citas con tal anticipación, hasta que al fin llegó el ansiado día. Un sms me anunció su vuelta a la ciudad condal y de nuevo aproveché la oportunidad para disfrutar de su simpatía a través del teléfono para concretar nuestra cita. La muy pícara añadía leña al fuego recordándome que la cuenta atrás para ser suyo ya había comenzado...

 

La conocida fórmula magistral resultó infalible: "Abrete sésamo". La puerta se abrió y tras ella, sin esconderse, una hermosísima sonrisa me dio la bienvenida con luz y calor. Roberta es luminosa, luz del mediterráneo y la Toscana armoniosamente ensamblados. "Si me hubiese  desmayado hubiera tenido donde agarrarme", sugerí con atrevimiento a la par que depositaba mi mano aventurera en tremendo pandero. ¡Que besazo premió mi osadía!

No nos íbamos a quedar allí de modo que me mostró alborozada su nuevo nido  y me invitó a bajar al segundo nivel por unas escaleras bien cómodas con velas en los peldaños. Al llegar abajo, entre besos y ricos lametones, comenzó a desabotonar la camisa...fue a buscar una toalla pidiéndome que me sintiera en mi casa y me ofreció para beber lo que fuese de mi gusto. Después desapareció brevemente, me desnudé y tapándome con un cojín me senté en el sofá. Todo iba rápido, muy rápido. Pronto vi bajar a Roberta por la escalera. Esas bien torneadas piernas martilleaban sobre los escalones taconeando un zapateado por soleá. Esas mismas esculturales piernas la condujeron a mi lado, dejó las copas sobre la mesa y en lugar de sentarse se inclinó sobre su víctima para seguir saciandose; yo no la rechacé sino que proseguí con mi aventurera mano el reconocimiento de nuevos territorios, insinuando caricias, palpando bien asentados volúmenes, descubriendo el tamaño y la elasticidad del tanga... Allí estaba el cava para imponer una pausa y un brindis. Roberta me pidió permiso para quitarse el vestido y ofreciéndome sus senos hizo lo mismo con el sujetador, un erótico mohín en los labios. No recuerdo muy bien en que orden se sucedieron mis besos porque ella se apoderó con suavidad de mi poya y al poco estaba deleitándome con una de las muchas versiones del francés con que me obsequió. Si recuerdo que cuando me pidió que le quitase el tanga yo a mi vez le pedí que se diera la vuelta. La hubiera follado ya mismo. Juro que intenté ser sutil y provocativo lamiendo sus poderosas nalgas pero esto duró breves segundos. Enseguida estaba enzarzado perdido entre ambas  propinándole sonoros cachetes e intentando llegar a los deditos que de tanto  en tanto aparecían por allí. Arqueándose, empujaba y se abría pidiendo más, también de palabra, mientras yo tanteaba las posibilidades del juego anal que cada vez me atrae más. Le pedí que se diera la vuelta para apoderarme de su sexo plenamente. Así duramos todo lo que ella quiso. Es multiorgásmica y lo que más le gusta es el sexo oral, me confesó luego. 

Por un momento me incorporé para tomar fuerzas y secarme el sudor de la frente. Ella me tomó de la mano y me condujo hasta su cama, muy grande. ¡Ah, las copas! y volvió a por ellas, lo que yo aproveché para contemplarla en su espléndida desnudez. Está bien puesto el apodo deliciosa; su coño rosadito, sus nalgas majestuosas cuya visión penetrándola por detrás preferí posponer para otra ocasión más salvaje, su cabello que le cae como un casco, los pechos que yo sentí naturales coronados por pezones juveniles que se pueden pellizcar, acariciar o morder sin que se queje, su color bronceado, los ojos almendrados, los labios con una permanente sonrisa generosa y franca, la voz llena de inflexiones todas invitadoras a la alegría, los brazos que se apoyaban a mis flancos para devorarme sin compasión una y otra vez de mil y una maneras, deleitándome, haciéndome sufrir ya por culpa del deseo. "¿Quieres que te folle, eh, te follo?" Lo hubiera hecho aunque yo hubiera dicho que no pero asentí con cariñosas nalgadas que elle recibió encantada, devolviéndomelas con besos. Hubo besos de todos los colores: blancos, azules, negros. ¿Que como son los azules? permitidme que guarde algo en el terreno de lo íntimo y privado, por favor.

 

No se como lo hizo, me enfundó de tal manera que ni me di cuenta. Maldita sea la goma que priva de tan excelsa sensibilidad porque también sin  casi sentirlo estaba ahondando en tan preciosa gruta, siendo cabalgado de diferentes maneras por prodigiosa amazona. En cuclillas, con vaivenes da atrás a adelante, variando ritmos, con una pierna levantada, sonoramente, pegada a mi y besándome una vez más. Yo estaba sorprendido de durar tanto y disfrutando sus gemidos, sus palabras, reales o fingidas, me da igual; lo que yo oía era real y las caderas a las que me asía frente a tal desatado temporal también. De pronto tuve un inmenso deseo de correrme entre sus labios y de sentir de nuevo su lengua jugar a lo largo de mi verga, de mis testículos, de ser suyo. Se lo pedí, accedió, me besó de nuevo mientras yo me liberaba del odioso preservativo y...duré lo que había de durar entre sus húmedos labios que me recogieron amorosos en un orgasmo sentido y prolongado como nunca había tenido. Con una toallita me saneó y se tumbó a mi lado, sonriente y satisfecha. Toda su piel me acariciaba. Hablamos de sexo, de como sienten diferente las mujeres y los hombres, del mordisco que lleva en el culo y que no recuerda ni cuando ni quien se lo produjo. Roberta, por convicción, y metida en el calor del juego erótico llega muy lejos, mucho más lejos que yo y que lo que yo quisiera llegar. 

 

La aparición de Verónica puso fin  a nuestra incipiente intimidad sin disturbar para nada. Bajó las escaleras portadora de otro benjamín que compartimos amigablemente así como amena conversación sobre la inminente celebración del ritual purificador para el que fui aceptado pronunciando las palabras de rigor: SI QUIERO.

Iba preparado para prolongar mi estancia en brazos y lecho de la bella pero otras obligaciones la reclamaban de modo que se imponía ataviarme de infeliz mortal y hacerle entrega de su ramo de rosas que habiéndolo descuidado fue convenientemente sustituido por una cantidad acorde de euros. Debía irme, lo se, lo sabía...con que verdad se puede recitar aquel poema de Pedro Salinas "Serás amor un largo adios que no se acaba..."

 

 [b]Valoración de la implicación:[/b]  Con mujeres como Roberta valorar la implicación no tiene sentido. Es como el valor del soldado: se le supone. Su complicidad y empatía fue armoniosa desde el primer contacto, avanzando a medida que la cercanía era mayor, de modo que conocernos en persona fue como reencontrarse. Privarse de conocer una mujer de esta dimensión debería contemplarse en el código civil y estar penado con fines de semana de trabajo comunitario.

 [b]Valoración final:[/b] Lo mejor es que no hubo nada digno de ser considerado peor. Si hablamos de sexo ya hablaríamos de algo tan subjetivo como las relaciones personales....A pesar de todo añadiré que lo peor es que dentro de unos días me volveré a encontrar con ella, esta vez en compañía de VerónicaBcn y entonces si que tendré el corazón partío.