Vero y Roberta- Roberta y Vero - Bailando con lobas

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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort10
Duración69 minutos
Precio200
PechoNatural
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
GriegoNo lo sé

 Conozco a Veronica desde hace tiempo. Está para mí en lo más alto desde que la conozco. Hay una corriente especial de comunicación y en el sexo... pocas son como ella.

 

Cada mes se junta con su amiga Roberta en un día especial, que llaman el Jueves Santo. Pocos son los elegidos para disfrutar de ese día.

 

La cosa iba fenomenal, fenomenal, pero bastó una palabra de una, un comentario de otra, una respuesta mía para perder la concentración y…

 

… nos comenzamos a reír tanto los tres que no podíamos parar.

 

Estas niñas son un tesoro.

 

Así que paso, paso de contárselo esta vez a mi confesor, el padre Facundo, para que se pegue el calentón. Y paso, porque, por mucho que lo intente, no tengo ni dolor de mis pecados ni propósito de enmienda. ¿Y para qué me voy a arrepentir de pasármelo tan bien?

 

En este día en el que anunciaban temporal de nieve, pasé un rato absolutamente tórrido. ¡Fue un calentón absolutamente salvaje!

 

Llego a la hora precisa, aparco sin problemas muy cerquita, echo un eurillo en la máquina de la zona azul para que los “multaires” no me envíen recuerdos a casa y llamo:

 

-Fontanerooooo, que tengo un aviso.

-Suba, suba rápido, que tenemos una fuga…

 

Subo y, en efecto, me enseñan su problema, saco la herramienta y me pongo manos a la obra. Pero es que ni tiempo me han dejado para quitarme el mono de trabajo. Antes de que pudiera evitarlo, se me han lanzado encima como dos lobas y, claro ¿qué voy a hacer si yo soy un pofesional?

 

Roberta me desnuda y me sugiere que me meta en la ducha con Vero. Miro hacia allá y me sorprendo con que el chorro de agua proyecte una luz azulada que le ilumina la puerta del triunfo.

 

En la ducha es un festival de los sentidos con Vero que me acaricia y me devora la boca. Mi mano se pasea por todos sus rincones, mientras que Roberta se arrodilla y me pide la absolución (dámela, dámela toda-me dice) y yo, generoso, se la acabo dando toda, toda, toda.

 

La cosa acaba con explosión de gozo, bendición de la pecadora, salves y aleluyas.

 

Hoy no toca sofá ni alfombra de peluche, ni mesa, ni lavadora centrifugando. No, no, hoy toca ser absolutamente originales, hacer algo que casi nunca he hecho con estas niñas, que me sorprenden siempre con la novedad inesperada. Sí , señores, sí, hoy toca irnos los tres ¡¡¡a la camaaaa!!!!

 

Comienzo devorando a Roberta que tanto arte acuático había desplegado. El chuchilingus es tórrido, tórrido y yo no veo nada, porque voy ciego del todo. Pero siento una mano que me atrapa y una boca que me come. Lo disfruto, lo disfruto y noto cómo Roberta se retuerce, antes de pedir el sexo de Vero en su boca.

 

Pienso entonces que Vero debe ser ventrílocua porque sigo notando que me está tocando con algo, al mismo tiempo que entrega su sexo a la boca de Roberta. Me doy cuenta entonces de que me está acariciando mi pocoyo feliz con sus pies. ¡Cuando digo que esta niña es un tesoro! Acabamos con explosión de Roberta, ovación y vuelta al ruedo. ¡ole y ole, mis niñas!

 

Ahora me empujan, tumbándome de espaldas, y me piden que me relaje. Yo digo que sí y mi pene también, moviendo la cabeza arriba y abajo.

 

Y, a partir de aquí, pierdo la noción del tiempo, todo se acelera y solo puedo recordar imágenes fugitivas que emergen de un torbellino de sexo y buen humor.

 

Por ejemplo, veo a Vero que me besa y a Roberta, que me cabalga mostrándome las nalgas.

 

O también descubro a mis dos lobas en un 69 lésbico, en el que yo participo dando un beso en los labios de arriba y abajo a la vez, mientras que una mano anónima me masturba feliz y que lleva a Vero a explotar con alegría.

 

O me sorprendo con Vero, que me cabalga hasta llegar al éxtasis, mientras un negrito inmenso entra en Roberta por la puerta trasera.

 

O me excito de nuevo al recordar cómo las dos bocas me devoran hasta hacerme explotar y perder el sentido.

 

Y entre medias de todo esto (sexo limpio, duro, cariñoso o salvaje) tenemos humor, risas, complicidad extrema.

 

Tuvimos incluso nuestro momento freaky, con Roberta iniciando una broma que sigue Vero, y que yo continúo hasta no poder más. Es verdad que Vero, que me estaba cabalgando, parecía un diablo.

 

-Vero, estás poseída.- lanza Roberta, con un cachondeo que no se puede aguantar.

-Diabloooo, sal de mi cuerpo-continúa Vero, divertida.

-Escupe el diablo fuera, pecadoraaaaaaa, escupeeeee – digo, yo, entre risas.

 

¡La madre que las parió! Nos ha dado tal ataque de risa que no podíamos parar.

-Aaaay, que me la partoooo

Y, en efecto, se me ha bajado toda la trempera, porque no parábamos de reír.  Y lo mejor de todo es que no me ha importado nada, nada, nada. Es de esos momentos de felicidad despreocupada que quedarán en la memoria y que, si contamos a nuestros nietos, pensarán que el abuelo desbarra.

 

Y además, esta Vero, que sabe más que un diablo, en dos patadas se ha puesto seria y nos ha puesto a tono de nuevo rápidamente.

 

Así que uno se despide con el corazón ligero, contento de haber vivido esto con estas niñas deliciosas, con una complicidad que va más allá, mucho más allá del sexo.

  

No conozco ni creo que pueda existir un dúplex lésbico mejor. De una en una o las dos a la vez, son de lo que no hay, un auténtico tesoro.