Barcelona era una fiesta

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1 12/2011
Andros
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Añade tu experiencia con Yara - Una explosiva mujer

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por Andros
Barcelona

Apartamento por horas9
Duración69 minutos
Precio150
PechoNatural
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin
Griego

Cuando nos encontramos es una fiesta . Ya, ya sé que soy un poco sinvergüenza, pero con ella es un poco especial porque no hay tabúes. Todo fluye naturalmente, nos hablamos y nos reímos. Y antes de que nos demos cuenta la ropa está esparcida por la habitación y estamos comiéndonos con alegría.

 

Como una cosa no quita a la otra nos lavamos el uno al otro con esmero. ¡Es un placer eso de ser limpito, porque con la tontería del “frota-frota” y de la higiene nos ponemos como locos bajo el agua, salimos y nos devoramos.

 

Yara tiene un pecho delicioso y un culito para enmarcar. Bueno, yo que soy un animal no se lo enmarco sino que como, beso, chupo y devoro.

 

¿Qué puedo hacer si saca mi lado animal o mejor dicho, mi lado primario? El caso es que con ella no me planteo ser un tierno gatito, sino que me veo como el “hermano lobo” que se devora a su Caperucita Rica.

 

Me encanta comérmela entera. Beso sus piernas, su vientre,  le doy besos en los labios, ella aletea con alegría y se deja hacer con placer no escondido.

 

Cuando contraataca, miedo me da porque su francés es absolutamente implacable. Yo no sé si eso se estudia o es simplemente que tiene una empatía brutal y que es capaz de sentir la excitación, mantenerla, acrecentarla, pasearse por el borde del abismo sin caer y, cuando ella quiere, hacerte gozar de forma absolutamente salvaje y primaria.

 

Su boca es sensual, claro que sí, pero es también absolutamente sexual. En ocasiones estoy tumbado y ella me devora mirándome a los ojos. A veces sin embargo, ella está inmóvil y mi verga penetra en su boca con fuerza.

 

Yo ya ni sé de cuántas formas y en qué posiciones hemos gozado.

 

Yo imagino que los misioneros debieron encontrar alguien con similar ardor para aficionarse a la práctica y dar nombre a la postura.

 

Cuando penetro en su interior, siento un calor que abrasa y me abraza con ardor y ternura al mismo tiempo. Me acompaso con ella y me pide más. Es fuego y lucha en partes iguales. Sabe decirme palabras que me excitan y seguramente yo también me dejo arrastrar por el fuego de la acción.

 

La visión de su grupa me transporta. En la posición del galgo la penetro profundamente mientras ella me pide que lo haga con más fuerza que le aferre las caderas y que sienta un placer egoísta.

 

¿Y qué contaría de las amazonas, aquellas mujeres de una sociedad matriarcal, que practicaban la coyunda una vez al año y aniquilaban su hijos varones?

 

Pues no, no va por ahí. Mi idea de las amazonas ha cambiado después de ver cabalgar a Yara sobre mi caballo desbocado y ver una mirada turbia en su cara, frotando su pubis contra el mío lentamente, sintiendo cada embestida y dejándose ir a una sensualidad sin límites.

 

Así que, ya lo sé, el tiempo acaba por imponer su ley y nos tenemos que separar, pero sé que, más pronto o más temprano, regreso a su lado. Por algo será.

 

Sabe interpretar mis deseos antes de que yo mismo los conozca. Es una amante apasionada, tierna o ardiente, siempre en consonancia con cada momento. ¿Qué más se puede pedir?