Los barrios de prostitutas languidecen y las muñecas arrasan. Y yo me pregunto ¿por qué? Pienso un rato y después se me ocurre contestarme que estamos ante una sociedad de minusválidos emocionales. Más allá del bizarrismo japonés hay todo un tema de debate. Muñecas que, impávidas, aguantan los arrebatos y caprichos de quien pagó por su cuerpo y alma. Seres etéreos con cuerpos de aire. Sin habla. Sin reproches. Y un ejército de freakys que gana adeptos. En Japón, las iniciativas al respecto crecen. Empresas como Mori no Dou (Bosque de Muñecas) alquila servicios de “love dolls”. Tras una matrícula de 15€ puedes comenzar a disfrutar del servicio de compañía etérea. Las tarifas van desde los 95€ por 70 minutos, a los 330€ por 24 horas (servicio de desplazamiento a parte). Otras empresas incluyen un servicio post-venta que, a la muerte del propietario, se compromete a recoger la muñeca y a celebrar un ritual budista. Pastel Color Doll, ofrece un exclusivo servicio de tríos: muñeca + chica humana. El siguiente paso, que no es futuro, es el burdel de muñecas.
Y a todo esto, recomiendo dos películas: Air Doll (Hirokazu Koreeda/ 2009) y Lars and the real girl (Craig Gillespie/ 2007)
Aunque siempre podría quedarnos un "relatillo" corto de Irvine Welsh de "Entre las sábanas".
El de la pasión por los maniquís.


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