Giselle - La imaginación y la realidad

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1 04/2012
Andros
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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort8
Duración69 minutos
Precio120
PechoTuneado
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
Griego

Llevaba semanas hablando con ella, intercambiando correos en los que quedaba absolutamente claro que teníamos una conexión especial.

Y precisamente eso era lo que me hacía temer que la conexión se quedara en algo puramente espiritual.

¡Dios mío, me he caído del burro! Ha habido química, física e incluso tectónica de placas, en una compatibilidad sexual absolutamente brutal. Me ha dejado loco, loco del todo.

Mucho había leído sobre ella. Acepté no conocerla, a pesar de que aquellos que tuvieron esa suerte, solo decían maravillas de esta mujer.De repente anunció su regreso y creí que el destino me daba una oportunidad. Al hilo de una correspondencia abundante aprendí a apreciarla y a desear conocerla en persona, más allá de la gran profesional que intuía.

Su voz hizo el resto y, cuando estuve frente a ella, supe que no me había equivocado. Docenas de mensajes más tarde estaba a su puerta, deseoso de sus besos, pero, al mismo tiempo, inquieto de que no respondiéramos a las expectativas que nos habíamos ido formando.

 

A su lado…

 

Me falla el suelo, tiembla la tierra y se abre el cielo. Solo siento sus labios y su cuerpo junto al mío. Pierdo el control y me esfuerzo en pensar que esto es solo sexo, que no puedo conectar de esta forma con alguien que acabo de ver frente a frente.

Nos excitamos. Ella pelea con mi pantalón. “La próxima vez traeré un pantalón de stripper”. Ella se ríe al imaginarlo.

En dos minutos estamos bajo el agua. No hay pudor, ni miedos; todo ocurre limpia y naturalmente. Su mano acaricia mi vientre, mi pene y mi espalda; mi mano busca su gruta y nota la humedad de su sexo.

Como una sirena, Giselle se enrosca en mi cuerpo hasta que su boca encuentra mi pene que saluda con alegría. Yo la bendigo y ella se ríe con ganas, porque estamos contentos de estar juntos y sexo y pasión riman con buen humor.

Secamos los cuerpos y pasamos al “salón de actos”, donde nos besamos frente a frente y rodamos hasta que ella se deja querer.

 

Beso sus labios, juego con su lengua, recito su pecho, declino su vientre y declamo la rotundidad de sus piernas. Mi boca busca su sexo, pero se demora en el camino: vientre, rodillas, caderas, muñecas… ¡Hay tanto que besar!

Mi lengua al fin encuentra el sabor marino de su cuerpo. Giselle se revuelve, no quiere gozar tan pronto, duda, se debate, se tensa, pelea, lucha denodadamente, hasta que tiembla en puro gozo y me dice que he sido malo, malo.

Tengo poco miedo, aunque dice que se va a vengar. Y me equivoco, porque ella sabe ser terrible, tocar todos los puntos sensibles, devorarme de la cabeza a los pies, besarme con todos los colores posibles, hacerme desear su boca que acaba devorando mi pene. Sabe pasearme por el borde del deseo manteniéndome en el filo, encendido por una pasión salvaje.

Como si fuera un juego de niños (en realidad lo es) me propone “follar un poquito”. Cabalga lentamente sobre mí y temblamos, haciendo durar el placer, como si tuviéramos miedo de gozar demasiado.

Pero Giselle me sorprende gratamente y me propone cambiar de práctica. Frente a frente, con sus piernas sobre mis hombros, me guía para penetrar en la puerta estrecha del placer. Entro en su interior con facilidad, sintiendo su calor en el ejercicio helénico.

Me pide, me exige, me conmina a entrar con fuerza a moverme con rapidez, a hacerla disfrutar de forma salvaje. Me dejo ir a la locura, penetro con fuerza, bombeo con violencia, ella me pide más y más, hasta que todo se vuelve irreal y, mientras siento los brazos y piernas de Giselle que me atraen hacia su cuerpo, me dejo ir a un placer salvaje y desconocido. Nunca, nunca he disfrutado tanto de esta manera. No creí que fuera posible.

Poco tiempo después, Giselle se sienta en la cama  en la posición del loto. Nos abrazamos, brindamos y del brindis pasamos al chocolate fundido y a los besos que arden y a las manos que buscan su presa. Ella cuida mi excitación, la hace crecer en sus manos; yo busco la suya.

Mi boca vuelve a recorrerla, detallando cada parte de su cuerpo (el pliegue de sus rodillas, el revés de sus muñecas...). Cuando llego a su sexo siento cómo tiembla y me complazco en hacer durar el instante hasta que ella no puede más y tras el goce, me vuelve a decir que soy malo, malo.

Pienso entonces que, si yo fuera mujer, sería como Giselle. No se detiene ante nada hasta hacerme disfrutar de nuevo usando cada parte de su cuerpo como apéndice del placer. Al fin, enardecido por sus besos, me fundo en su boca con un placer extremo.

Y tras el goce, hay confidencias, bromas, buen humor… hasta la ducha y la despedida.

Y aquí estoy, planteándome si todo esto que ocurrió fue de verdad o si fue mi imaginación calenturienta a la que le dio por pensar cómo sería un encuentro perfecto.

Giselle…despliega sus encantos con una intensidad que te abrasa. Ya no es implicación, sino vivir el momento presente antes de que se nos escape.

Ella dice que sentir es cosa de dos; yo aún le sigo dando vueltas.

De nuevo… nos encontraremos. Será pronto.

Lo mejor… ya lo viví. Por mucho que rebusque, nada negativo encuentro.