Natalia bombom - A vueltas con mi secretaria particular

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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort8
Duración69 minutos
Precio100
PechoNatural
FumadoraNo
BesosBesa con lengua
FrancésSin
GriegoNo lo sé

El guerrillero Rambo llegó acojonaico a territorio enemigo y se vio sorprendido por un cruento ataque de la resistencia local. Me defendí como pude de las primeras emboscadas (¡Joé con Anna y Lorena, sois la bomba!), pero cuando mi Natalia me atacó… hube de rendirme a la evidencia: esta nena me derrotó una vez y otra y otra y otra. 

 

Lo tengo claro: en ningún sitio lo he pasado tan bien como allí, así que el gato se instala en la habitación de la terraza. Allí tengo novia, amante e incluso, a partir de ahora, secretaria particular.

 

 

Antes de la batalla  

-Soy el gatinho safado, que te quiero pasar a ver. Pero que no se entere nadie.

-Waaaaaaaa! Te espero, gostoso. Un momento que te saluda mi amiga Anna.

-Gato maloooooo, te voy a matar.

 

Jodé, ya la he cagao. Ya tengo a la amante Anna con ganas de venganza. Como se entere también mi novia Lorena, no querrá ya casarse conmigo. Bueno, nuestro amor podrá superar cualquier prueba y además, si no nos casamos, seguiremos más tiempo de novios, que también está bien.

 

En efecto, recibo mensajes claros de que voy a terreno minado: que me van a cortar tal cosa, que me van a matar…

 

Llamo y la puerta se abre. ¡Ondia, qué curioso: no hay luz! Y así a oscuras avanzo despacito y escucho un miaaaaaaauuu.

 

Respondo con otro miaaaaaauuuu, un poco acongojado y entonces veo una asesina sanguinaria que me ataca con un palo de escoba. Es Ana que estaba emboscada y que no aguanta la risa hasta que nos abrazamos y me dice que soy safado, safado.

A oscuras subimos y entonces me ataca Lorena con un pene negro de al menos medio metro de largo. Yo me quedo pegado a la pared no vaya a ser que…

 

Y de allí me viene a salvar Natalia que hace de niña buena. Risas, buen humor, bromas, abrazos. Aaaaaaay,que me salta la lagrimita al recordarlo. Estas niñas son un tesoro.

 

Al lío, que viene el frío

 

-Gatinho gostosooooo.

-Te voy a comer toda, mi reina.

 

Dicho y hecho: besos de ida y vuelta, tornillos que se enroscan, manos que descubren montañas, montañas que despiertan mangueras…

 

En un momentito ella está desnudita, sin fetiche ni medias para impresionar, simplemente una niña preciosa y mi pene le dice que sí, que no, que sí que no, según me muevo a izquierda-derecha o arriba-abajo.

 

Somos viciosos pero limpios, así que me ato como puedo la toalla a la cintura y aprieto para abajo para que la varita mágica no golpee con las puertas. Misión imposible, así que me dejo guiar por mi brújula y sigo la dirección que indica mi pene.

 

En la ducha (que esta vez no volví a romper) hay lío, juego. La excusa de la higiene es buena para explorar, beber, comer. Aaaaay, que el agua está buena, pero siento “my body on fire”.

 

Nos teníamos ganas, muchas ganas y nos devoramos con urgencia, casi con la prisa de los novios que tienen que aprovechar el instante y gozamos de la excitación del otro. Casi patinamos y nos damos golpes en los dientes.

 

Es lucha noble, que tendrá buen final, porque ambos queremos comernos y encontramos un término medio en un capicúa tórrido. Pero pronto me doy cuenta de que Natalia es mucha mujer y quiere llevar la batuta. ¿O era la manguera?

 

Bueno, yo ya ni sé. Me pierdo porque ella me hace tumbar y disfrutar del espectáculo, sentir su boca que todo lo puede y que me haría desfallecer. ¡Ay, bendita niña!

 

Aún no entiendo cómo consigo mantener la calma y pedirle un paseo a caballo hasta más allá de las nubes. Es cálido, sentido, estrecho y acogedor. Siento con una presencia que me enciende. Pienso entonces que Natalia también es preciosa por dentro y que, sin saber cómo, es capaz de acariciarme dentro de su cuerpo. ¡Ay, que me pongo malito de recordarlo!

 

La respiración se acelera, late fuerte el corazón, cabalga casi sin despegarse, como queriendo mantener el contacto, sensible a cada impulso. Soy egoísta y me dejo ir, hasta que, abrazados, abro los ojos y me dejo besar con dulzura. Entonces la acaricio y pienso que tenemos suerte, tenemos mucha suerte de habernos encontrado.

 

¿Y ya está?

 

¡Qué va, hombre! Aquello es un no parar.

 

Vale que hay risas, buen humor,  confidencias, conversaciones sobre la vida y el amor, sobre la urgencia y la amistad. Pero también hay una atención de cada instante y una dedicación al placer de estar juntos que se mantiene durante todo el encuentro. ¡Qué delicia poder conectar de este modo con una mujer tan encantadora!

 

Con el brindis sentido llega el abrazo (yo veo una chapa de Coca-cola y me pongo sentimental). Y, de abrazos en besos, nos volvemos a encontrar en las misiones, jugando al perro piloto, haciendo el amor o fornicando salvajemente de frente, de perfil, arriba, abajo, de pie, de rodillas, de espaldas o sentados.

 

Aquello es disfrutar sin llevar la cuenta. No sé, realmente no sé cuántas veces gocé.  Espera, espera: sí, una , dos , tres, cuatro…  Va, no se lo van a creer y realmente me da igual. Simplemente me dejo ir en un laberinto de sentidos, acunado por una dulce niña que hace limpio cada momento de goce.

 

-Apa, que tengo que marchar

 

Y entonces me besa, me come, me acaricia, se cuelga al cuello y pienso que sí, que es encantadora. Además me sabe motivar porque me dice que, tras la ducha, iremos a conocer a su nueva compañera y saludaremos a Anna.

 

De regreso a la habitaçao me besa, me abrocha la camisa, me besa, me pone un zapato, le meto mano, se ríe, me pongo un zapato. ¡Ay, que me quedo a vivir aquí!

 

Me dice que pensaba que no iría a verla, que quedaría como la prima soltera, muy amable, pero con la que no hay “temita”. Pues nada de eso (lamento decepcionarla, pero no la dejaré en paz), ya tengo secretaria particular para llevarme mis cositas.

 

La nueva compañera (Valesca) ha salido, pero Anna está preocupada por una tontería de un impresentable. Bromeo entonces con Anna y le digo que la encuentro fea, pero simpática. Jodé, casi me mata la puñetera, con risas pero me mata.

 

Venga, pues, que se hace tarde. Me despido de Anna y Natalia me acompaña a la puerta y no nos despegamos. Bueno, ahora sí, pero espera que te doy un besito.

 

Y entonces se oye una voz que nos llama desde la ducha… ¿Quién sabe? Quizás estemos bien allí, quizás…

 

Va, más vale despertarse; lo mismo lo he soñado. ¿O quizás no?

 

Amable, tierna, ardiente, incansable, excitante, luchadora, incansable, suave, adorable… ¿Qué más quieren saber? Fue un encuentro totalmente positivo. Lo pasamos los dos de escándalo. No le encuentro nada que mejorar.

 

Me dieron un susto tremendo al llegar estas gatinhas safadas, pero quedó compensado de sobra por las risas, los abrazos y esa corriente indefinible de amistad y buen humor que te hace sonreír a la vida.