Ángela. El origen de la sonrisa

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por Oliba
Barcelona

Apartamento de la escort9
Duración120 minutos
Precio400
PechoNatural
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
Griego

Alguien me contaba hace poco que echaba falta aquellas experiencias en que el visitante, el narrador, simplemente disfrutaba, sudaba cómo un condenado, explotaba y luego dibujaba una bendita y perdurable sonrisa en el rostro. Y así es. Yo también detecto la falta de leer esas historias simples y positivas. Y lamento la falta de escribirlas. Con Ángela podría limitarme a esas pocas frases. Contaros que disfruté, que sudé cómo nunca, que explote cómo no recordaba, salpicar el escrito de humores, y, después, pasados los días, confesar que sigo sonriendo. Y lo podría dejar aquí, linkaros sus fotos, y recomendaros, encarecidamente, el verla. Pero hay algo más. Mucho más que placer, sudor y mis labios dibujando una barca de dos proas. Porque Ángela es una mujer hermosa, muy hermosa. No puedo ocultarlo. Me gusta. Alta, atlética en equilibrio perfecto con la feminidad, que desborda a raudales por curvas preciosas. Senos por los que enloquecer. Y a cuanto la naturaleza dio, que fue del mejor gusto, tacto y proporción posibles, ella añade una preparación minuciosa de detalles. Y quien cruza su puerta, y ahí aquel día mi fortuna, se encuentra con un regalo deliciosamente envuelto en lencerías, sabor que sabe sólo a aire fresco, ungüentos que puede que además hechicen, y, en definitiva, predisponen a la sonrisa de un hombre feliz durante días. Y luego están sus ojos. Y, ¿para qué?, diréis, para qué habla de sus ojos éste, si nosotros ya tenemos los nuestros y bien que vemos los de Ángela sin velar en tantas fotos… Pues simplemente porque están ahí. Son ciertos. Rasgados. Dos preciosas esmeraldas incrustadas en piel morena. Aquel rostro, con esas piedras, podría ser portada de un catálogo de bellezas exóticas . Pero lo único cierto es la maravilla de ver cómo esos ojos te miran mientras te retuerces voluntariamente indefenso. Y la maravilla de recordarlos cómo te esperaban mientras, claro, sonríes por la calle. Varios días, muchos. Y, no me olvido, están sus artes. Ángela es una amante de ensueño, de coreografía ágil y brillante. Y es entonces, con tanto baile, cuando bien sudas, cómo el condenado bajo el sol. Sudas porque la bailarina, señores, que te invita a compartir un pas de deux intenso , lo merece. Sudas porque esos ojos te miran y esos labios te besan y esas manos te acarician y atraen y esos muslos firmes te aprietan. Sudas porque sabes que luego vas a ir así, ligero de todo, fresco y agotado, con una sonrisa…. ...A no ser que hayas perdido los labios devorado por sus besos… Por cierto, no os hablé de sus besos… pero los habréis imaginado.