Ángela en el banquete de un Príncipe

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por Oliba
Barcelona

Apartamento de la escort8
Duración240 minutos
Precio700
PechoNo lo sé
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin hasta el final
Griego

Esto podría ser la crónica del banquete de un príncipe. Os cuento
Cuentan libros de antaño,  que cuanto más poderoso uno se preciase, más aves de caza, o debiera decir cazadas, llenaban el servicio de su mesa. Que creían estos lerdos,  doctores en su propia y única vanidad, que  Tórtolas, Faisanes, Patos, huyendo de fríos, buscando calores, pasarían cerca de Dios en su vuelo, que algo se les pegaría del divino contacto. Y que una parte de esa proteína del Creador pasaría a las panzas de los ilustres que ordenaban su exterminio.
Más rico fuera Príncipe o Papa, más de estos bellos ángeles caerían del cielo, más ballestas, más trampas, más redes, cercenarían el simple espectáculo de cuanto el hombre inexorablemente envidia y desea. Volar y…. defecar libre y caprichosamente en la cabeza del prójimo
Cuentan también esos viejos textos, que los cocineros untaban esas carnes de carísimas, especias llegadas,  a peso de sudor y a precio de sangre, en eternas caravanas. De Jengibre. De Canela. De azafrán… Porque sus amos, los ricos muy ricos, los lerdos tan lerdos,  creían también que esos sabores, esos aromas, eran los del mismo paraíso, porque venían de donde nació el todo del todo, allí en las altas tierras de Oriente,  abrasadas por sufrir el despecho de los grandes Ríos.
Y, ahora decid:  “Oliba, que tiene que ver esto con Ángela?”. Dejadme, dejadme, que os cuento
Oliba no es rico, obvio que sí lerdo, pero en su fingir, en su comedia de vida, gastó y gasta cómo si lo fuera.  Ni es creyente, pero confieso que tiene debilidad en creer que existen diosas. O ángeles.
O ángeles que saben a Dioses. A Jengibre, a Azafrán. A Canela. Y Ángela me sabe a todo. Enterita me la sirvo en mi privado banquete.
¿Porqué sabor empiezo, por el de tus besos?  
Tus besos por más que los pruebe y disfrute me sorprenden. Uno, a éstas alturas, aprende a distinguir pasión donada generosamente, natural. Pasión en esto, no nos engañemos, besando no abunda.  Pero es que pasión besando, morenaza, Tú la derrochas, cómo si nunca fuera a acabársete, cómo si no pudieras vivir sin respirar de mí , o de quien en mi lugar de estar, un día, tuviera la suerte.  Que arte, bonita, que arte. A veces pienso en cuantas pocas ocasiones, y mira que las hubo, me han besado así. Pocas. Fueron pocas. Poquísimas.
Quizás, realmente,  menos de las que recuerdo y me obceco en recordar de nuevo
¿Sigo por el de tus ojos?
El sabor de unos ojos será su mirada. Habrá también formas de mirar. O habrá ojos que miran distinto. O habrá, preciosa, ojos extraordinarios con miradas de fuego cómo el que sale a llamaradas por los tuyos. Mires desde donde mires, se interponga lo que se interponga en tu campo, que todo él dominas.
Y cuando sostienes mirada,  mientras algo en ti desaparezco, me fundo, ojazos, me fundo. Me fundiría una y otra vez contemplando cómo voy, cómo llego, cómo me nublo y cómo parto, cómo vuelvo en mí y,  vuelvo.
Buf. Resuello. Descanso. Sigo
Me hago viejo
Y ahora, ¿por donde iba?. Ah, sí… Sabores, claro. ¿Te devoro, Ángela, te devoro?
Siempre fui, y más cuánto más viejo me hago, recatado y maniático en sabores. Por eso sé que si disfruto el tuyo, perdido entre tus muslos, es que le cogeré gusto a perder la cabeza ahí para siempre.
Sabes a pura gloria, pajarita. A pura y limpia gloria.
Y no sé si perder la cabeza por mí sólo o pedirte que no te detengas, que no te controles, y me la arranques de cuajo. Qué bien podrías si la inspiración me acompañase siempre, que carne prieta la hay, y fuerza, y piel suave,muy suave,  para que,  incluso así,  notarlo sea un gusto
Y hay más.
Dentro de ti hay más. Sabores que imagino
Hay más de tus ojos, hay más de tus manos buscando no sé qué pero ¡que qué lo que encuentran!, hay más del bamboleo de tus senos que desafían a que vea uno, vea el otro, vaya y venga, siguiendo el diapasón de tú hecha amazona, de mí, vuelto en montura. Hay una cintura torneada entre las garras del viejo búho. Hay…
…un culo precioso.
Precioso…Y acogedor, añadiría. Muy acogedor. Y cálido. Muy cálido
¿Y al fin?  Tantas veces miré al techo con otras compañías siguiendo el humo del cigarrillo, proyectando una imaginaria escalera por donde huir capaz de romper ese techo que amenazaba con caerse. Pero de tu cama, ojos de fuego, no me voy ni que me arrastren todos los santos. De tu cama, recién lidiada batalla, no me separaría, agarrado a tu piel, al aire que no dejaría colarse. Al recuerdo del fragor. Del sudor. Del todo.
Del  todo cuanto se pueda buscar, del todo cuanto se sepa recibir. Porque lo das todo, belleza. Todo.
Una verdadera escort. Una entre pocas, poquísimas.

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