Raissa de Souza - La mentira perfecta

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1 10/2015
Andros
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por Andros
Barcelona

Apartamento de la escort10
Duración69 minutos
Precio120
PechoTuneado
FumadoraNo lo sé
BesosBesa con lengua
FrancésSin
GriegoNo

Hace pocos meses la conocí. Tras el impacto del primer encuentro, le han seguido muchos y yo ya no sé si el mejor  con ella fue el segundo, el cuarto o el octavo. Lo que sí sé es que ella me aporta una plenitud absoluta en todos los aspectos, porque es la tríada perfecta: es atractiva, me enciende sexualmente como muy pocas y me hace sentir ese amante deseado y único que uno querría ser tantas veces.
Raissa es un esa mujer que uno se queda mirando porque lo combina casi todo. Es delgada, con curvas allá donde se despierta el deseo. Su cintura es estrecha y sus caderas, por contraste, ofrecen curvas para olvidarse del mundo.  Su pecho es mejorado por la mano del hombre y resulta impactante en su cuerpo delgado (aunque sin exceso alguno). Su piel es suave, tanto en sus piernas infinitas, como en su cuerpo que acaricio con arrobo. La miro y no puedo imaginar un cuerpo que me llame más y que me excite por encima del suyo.
Me gusta su cabello, liso y oscuro, y sus ojos negros, grandes y expresivos. Su boca sonríe y desvela una sonrisa inmaculada. Ocurre, sin embargo, que su belleza no es distante, sino tremendamente cercana, totalmente mediterránea, a pesar de que uno la podría imaginar sin dificultad como mujer de bandera en un culebrón venezolano.
Es guapa de solemnidad, pero, más allá de eso, me tiene ganado, porque es elegante, dulce y seductora. Hace nada trabajaba para una agencia de alto standing, pero dio el salto y se hizo independiente para controlar mejor su vida.
Me sorprende porque en el lío tiene una vena apasionada y salvaje, pero siempre cercana. Atentos, porque la señorita seduce más cuanto más la conoces. 
Como siempre, Raissa me recibe en su apartamento, con salón, amplia habitación, vestidor y baño. Allí todo está perfecto, desde el sofá para comenzar la conversación hasta las mullidas toallas de rizo blanco. 
La llamo y me dice que ese día no puede, pero que, al día siguiente será toda para mí. A la hora prevista llamo a la puerta y me recibe con una sonrisa y un beso que me deja palpitando de alegría y algo erecto (porque me pone, debo admitirlo).
De los besos pasamos al deseo absoluto y, en ocasiones, la botella de cava descorchada queda esperando para refrescar el ánimo tras la batalla.
Es ella la que me deshace los botones de la camisa mientras me besa dulcemente o con pasión, con la cabeza ladeada entre sus dedos.
El agua no me atempera, sino que me hace pensar en que ella me espera en la habitación, poniendo algo de música y sonriendo cuando me ve llegar.
Con  ella siento que tengo poca experiencia, porque pocas veces he sentido esta sensualidad extrema, que nos hace desearnos y acoplarnos en un baile sensual poco a poco, como si nada de lo que pasa alrededor importara.
Temblamos y sentimos, pensando que aquello no puede ser normal.  Luego, cuando llega el placer me fundo en oleadas, perdiendo el control y dejándome ir.
Yo entiendo que haya “feeling” pero pocas me hacen sentir con la intensidad de Raissa.
Luego, cuando hablamos, algo mareados por vivir tan intensamente, su mano se desliza sobre mi pierna y vuelve a rodar la rueda del deseo.