… Encontró esa ayuda en Inga, una antigua campeona de luchas de barro venida a menos. Encontraba en chicas incautas como ella, la oportunidad para sacar provecho.
Le impuso un duro programa de entrenamiento. Cada mañana, al alba, se zampaba seis huevos crudos, se ponía un horrible chándal gris, y se encaminaba hacia Montjüic. Subía las escaleras echando los higadillos hasta el MNAC, y se marcaba una simpática jota, para asombro de los turistas mañaneros.
Ese duro entrenamiento, comenzó a dar sus frutos…